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Leo y reseño

La mano izquierda de la oscuridad

Reseña de La mano izquierda de la oscuridad. Ya leí esta historia de Úrsula K. Le Guin, dos veces y no tardaré mucho en leerla una vez más, esa próxima vez ya será con lápiz para llenarla de notas. Ojalá les guste la reseña.

Acabo de terminar de leer, por segunda vez, La mano izquierda de la oscuridad, de Úrsula K. LeGuin. Tomar la decisión de comprar ese libro hace ya un par de años, fue de las mejores decisiones de lectura que he tenido. Le debo mucho al pibe que estaba atrás de la mesa de venta en una feria de verano. Dijo las palabras justas, que ahora no recuerdo, pero que tenían que ver con una cierta mirada antropológica. Me llevé el libro esperanzada y ahora que lo leo por segunda vez me doy cuenta que la esperanza lo atraviesa como una promesa de humanidad.

El relato, que alterna la acción de la novela con pasajes descriptivos de costumbres, mitos, historias y anotaciones de los protagonistas en sus diarios personales, recorre un largo camino (como son los caminos del encuentro, del entendimiento y también los de la política) para contar la historia de Estraven y Genly, los dos protagonistas. Genly, el mensajero del Ekumen, llegó al planeta Invierno con la invitación de una alianza intergaláctica. Estraven, oriundo del planeta, un curioso planeta con una raza de humanos hermafroditas, confió plenamente y decidió apostar su vida y todo lo que tuvo a su alcance para ser el mediador de este encuentro.

Hay capítulos narrados por Estraven, y otros narrados por Genly, se perciben, se estudian, se reconocen diferentes, los inquieta la extrañeza, toman notas, hay una mirada antropológica que recorre todo el libro y yo lectora la disfruto. Hay una empatía que tarda en llegar, una desconfianza injusta, un desentendimiento con resultados drásticos. Los protagonistas confían en las personas erradas y las alianzas parecen imposibles. Hasta que promediando el libro llega el viaje sobre el Hielo, la convivencia en una carpa y el trabajo codo a codo, deben depender uno del otro en todo sentido, y desde cimientos frágiles se construyen la empatía y la confianza, la vida puesta y apostada a todo o nada en ese espacio sin sombra y sin ruido que se extiende entre ambos cambiándolos para siempre. De ese viaje nace algo, la amistad, la confianza, pero sobre todo el entendimiento, la capacidad genuina de un lazo que los une y nos ata a los lectores con ellos y ya no suelta más, aún acabada la lectura.

Con un solo libro leído y un par más en camino, ya me considero fan de esta autora. Logró conmoverme hasta el más recóndito rincón del alma. El único consuelo que siento a mi bronca de no haberla descubierto durante mi adolescencia, es que me da la posibilidad (igual que me pasó con Liliana Bodoc) de descubrir escritoras que puedan con su palabra definirme, emocionarme, ahora en estos años de adultez cuando ya no es tan fácil sentir esos impactos fundacionales.

Mi relectura de este libro y la presente reseña forman parte de un desafío para un juego literario donde además debo hablar de uno de los equipos participantes, enlazándolos de alguna manera a este escrito. Ese salto requerido del mundo ficcional al real, de ida y vuelta, nunca es gratuito. Mientras decidía qué libro leer para el reto, hubo incidentes en este equipo en cuestión, varias participantes dolidas y defraudadas se fueron y abandonaron el juego para protegerse, para hacerse compañía en el exilio, entre ellas una querida amiga. No hubo diálogo posible que sanara las heridas o permitiera un encuentro real que devolviera la confianza y la cordialidad. El equipo se fracturó y no se pudo arreglar. Es por eso que no puedo tomar este trozo del reto/juego a la ligera, no es sencillo encontrar palabras para definir al equipo simplemente porque dejó de serlo. Quise irme yo también del juego, pero no sin antes dejar esta reseña, como quien ofrece un abrazo en un momento de pérdida y el abrazo no le sirve a nadie, salvo quizás a una misma. Siento que haber leído «La mano izquierda de la oscuridad» fue un abrazo tendido para brindarme alguna palabra de consuelo, una mirada esperanzadora de la humanidad donde el entendimiento cuesta pero es posible. Me quedo con dos fragmentos que me emocionaron:

“De esa tensión nacía la notable y repentina seguridad de que éramos amigos; una amistad que los dos necesitábamos tanto en nuestro exilio, y ya tan probada en los días y noches de aquel duro viaje, y que también, tanto ahora como después, podía llamarse amor. Pero ese amor venía de la diferencia entre nosotros, no de las afinidades y semejanzas, y esto era un puente en verdad, el único puente tendido sobre lo que tanto nos separaba”.

“La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz. Las dos son una, vida y muerte, juntas, como amantes en kémmer, como manos unidas, como el término y el camino».

Les invito a leer esta obra, a hacer ese viaje por el Hielo junto a Genly y Estraven. Es duro, es difícil, es frustrante, tanto como lograr el entendimiento con el otro, el de otro género, el diferente. Pero en el medio de la desazón, llega el encuentro, como les pasó a Estraven y Genly, la charla nocturna curiosa y honesta en ronda al calor de una estufa para compartir el pan, los pesares, los recuerdos y los sueños, con huracanes helados rompiendo todo alrededor y el corazón abriendo la posibilidad de la esperanza. Les deseo un viaje reparador.


Foto: «Glaciar Perito Moreno» de Rodrigo Soldon.
Fuente: https://www.flickr.com/photos/soldon/41278870721/#
Licencia: Atribución-SinDerivadas 2.0 Genérica (CC BY-ND 2.0)


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