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¡Cómo me gusta leer cartas! Reseña de «La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey»

Les comparto una inusual reseña de «La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey», de Mary Ann Shaffer y su sobrina Annie Barrows, editado por Salamandra, en formato de carta. Ojalá les guste.

Córdoba, 25 de febrero de 2020

Querido Hugo:

Hoy amanecí con ganas de escribir una carta y es que ¡cómo me gusta escribir cartas! si lo sabrás vos, esa cosa de escribir primero en la cabeza, una y otra vez y después en el papel (o en la computadora últimamente). Y claro que eso viene ligado a un placer inconmensurable en también leer cartas, por supuesto dirigidas a mí, pero también de otros que se cartean entre sí. Y por supuesto, de libros escritos a través de cartas entre los personajes de la historia.

Me pregunto qué base tiene esa fascinación por la lectura de cartas. ¿Es un interés puntual por un género literario específico?; ¿es la empatía que siento por aquellas personas que también disfrutan al escribir cartas, como yo misma, como hicimos nosotros durante tanto tiempo?; ¿es una necesidad incontrolable por el chisme de conocer la vida y la comunicación entre otras personas, como quien espía en su intimidad y la privacidad de sus secretos? No tengo clara la respuesta pero cuando entro en el mundo de las cartas simplemente no puedo parar de leer. Por supuesto depende de la capacidad de escritura del remitente y que el contenido sea interesante, pero el solo hecho de que esté escrito en género epistolar ya me despierta una gran curiosidad. Lo que más me llama la atención es que en general no elijo ese tipo de literatura a priori, ¿quizás porque no hay muchos libros escritos con cartas? ¿o sí hay y simplemente no han llegado muchos de ellos a mis manos? ¿me recomendarías si conocés algunos? Me pasa que una vez que empiezo ya no las puedo soltar (¡perdón! al libro, ya no ‘lo’ puedo soltar, como no podría soltar un alto manojo de cartas atadas con una cinta o guardadas dentro de una caja, la curiosidad me puede).

A la historia de “La Sociedad Literaria del pastel de piel de patata de Guernsey” llegué a través de la película que vi en Netflix. Cualquier película que tenga como protagonistas a escritoras, ilustradores, editores o libreras cuentan con mi interés instantáneo (lo admito: puedo ser bastante monotemática pero me justifico diciendo que los libros son mi pasión desde niña, quizás nadie lo sepa por estas redes tanto como vos que me conocés… pues desde niña justamente). En la última feria de Buenos Aires compré el libro, (escrito por Mary Ann Shaffer y su sobrina Annie Barrows, editado por Salamandra), que quedó en la torre de libros pendientes por meses y meses, siempre había algo más urgente que leer para el trabajo. Confieso que el hecho de descubrir que se trataba solo de cartas me desconcertó un poco. En la película hay un par de cartas al comienzo y eso es todo. Me inquietó cómo se las ingeniaría la autora para llevar adelante la trama solo con cartas. ¿Quién las escribiría? ¿Todo estaría relatado hacia atrás en el tiempo, contando cosas que pasaron entre los personajes? Y quizás la pregunta fundamental: ¿me gustaría por lo menos igual que la película o me defraudaría? Viste cómo es ese temita de qué gusta más y qué hay que ver primero: si el libro o la película….

Lo empecé el domingo a la noche, y lo terminé en la madrugada de ayer, eso debería ser suficiente para transmitir lo mucho que me enganchó. Todos los personajes se escriben cartas entre sí. Empieza con la carta de Juliet, la escritora protagonista, a su editor, ida y vuelta, y con su amiga y la promotora de sus visitas a librerías hasta que aparece la carta de Dawsey Adams y nace el germen de la historia: el vínculo entre ella y toda esa comunidad hermosa de las islas del canal de la Mancha que son fundadores y miembros de ese club de lectura que los salvó en las épocas de la ocupación nazi en la Isla de Guernsey. El libro incluye muchos otros personajes que en la película no están, casi toda la historia de la ocupación de las islas le llega a Juliet por cartas de una multiplicidad de gente de Guernsey. Es apasionante ver cómo cada remitente tiene una personalidad única, una voz particular. Y cómo, a medida que el tiempo pasa y el carteo crece, van creciendo los vínculos entre los personajes. Me apasionó encontrar los detalles gramaticales, cómo en esta traducción en castellano el traductor hizo que pasaran del trato “de usted”, al “tú”, por ejemplo. Y más aún disfruté la diversidad de tipo de lectores que había entre los personajes; y todas las referencias a libros y autores que se recomiendan entre sí y a lo vital que es la importancia de la lectura y de la conversación literaria y cómo esa idea desborda desde las páginas del libro. Me resultó inevitable sentir que tenía ganas de abrazar mi biblioteca después de acabar el libro, y a unas cuantas personas, con quienes cartearme fue tan pero tan importante a lo largo de mi vida.

Sí debo resaltar algo que me llamó poderosísimamente la atención: cada carta del libro tiene fecha y la respuestas nunca pasa de uno o dos días después de recibidas. Solo pude elogiar la velocidad del correo británico (al menos en la época que transcurre la historia). En los nueve meses que transcurren entre la primera y la última carta, en nuestra ciudad quizás el correo solo hubiera hecho llegar la primera y su respuesta… Es por eso que esta va vía digital ¡la única forma de celeridad en estas épocas!

Bueno, esto ya va demasiado largo. Hace un par de meses me dijiste que tenías un gran atado de cartas que querías darme. Para volver a recordar lo que nos escribíamos, los libros de los que hablábamos y nos recomendábamos hace ¡casi 30 años Hugo! Necesito esas cartas, ¿cuánto más vamos a demorar en encontrarnos para tomarnos un café y que me las des?

Te abrazo amigo querido y espero tu respuesta,

Barbi

 

¡gracias por compartir!