#poesiaparacomenzarelaño y una pregunta: ¿soy lectora de poesía?

Pato Pereyra, del blog  patoleyendoelmundo.blogspot.com invitó a compartir poesías para comenzar el año, con los hashtags #poesiaparacomenzarelaño o #poesiaparacomenzarel2021 y me hizo dar ganas de sumarme primero y después, mientras elegía qué poesías compartir, me puso a reflexionar qué tan lectora de poesía me siento. De todo eso, sale este post. Ojalá les guste y les espero en los comentarios.

No me considero a mí misma como una lectora de poesía. Hace años que leo, mucho, siempre. Leo de todo: noticias, ensayos, crónicas, cuentos, novelas, historieta, reseñas, blogs, posteos, letras de canciones, libros álbum, últimamente también algo de manga. Y poesía, claro. Leo casi todo el tiempo. Pero si tengo que categorizarme a mí misma como lectora (vaya uno a saber por qué debería hacer eso) creo que soy una lectora de novelas. Mi mayor disfrute lector ha estado siempre ahí, con la expectativa de abrir la tapa de un libro e ingresar a un mundo donde transcurriré un largo viaje, donde permaneceré un tiempo, donde viviré otras vidas, conoceré otra gente. Hay algo ahí en la extensión del género, en esa narrativa larga que permite la novela, que me seduce como ningún otro tipo de libro. La posibilidad de otros mundos, otras vidas, viajes, largos viajes de los que me cueste recuperarme.

Sin embargo en este posteo quiero hablar de poesía. Leo poesía, claro, desde siempre. No necesariamente la busco pero es ella siempre la que me encuentra. Me sorprende, aparece ahí donde yo no la buscaba y consigue siempre su gran entrada, su golpe de impacto. A veces es exactamente eso: un impacto, una cachetada en el medio de la cara que te desacomoda y mueve el piso. Otras veces es como un beso inesperado, robado en una despedida casual que también desacomoda y mueve el piso pero distinto. A veces es una emoción simple pero poderosa sin grandes trascendencias, que aparece de un segundo a otro, como cuando doblás la esquina y al final de la calle te encontrás un atardecer soñado pintando tu ciudad de magia.

Me gusta pensar que la poesía no está en las palabras sino en lo que yo siento en el fondo del estómago, detrás de la mirada donde desbordan las lágrimas, en la piel de poio. Y si creo eso, sucede entonces que esa sensación a veces aparece leyendo libros de poesía, pero muchas otras veces no. No voy a referirme acá a las veces que esa situación es acompañada: miradas, abrazos, apapachos de bebés o mascotas; o las tremendas: rupturas, traiciones, desprecios; o escenas: cielos de verano, brisa moviendo las flores con la luz del sol brillando en gotas de lluvia, tampoco a la sensación del césped bajo los pies o el agua de río corriendo entre los dedos; esos breves momentos que bien cabe definir como estados poéticos. Lo que hice en cambio fue buscar aquellos libros de los que atesoro en mi biblioteca que para mí guardan estado de poesía entre sus páginas, los recuerdos de lo que sentí al leerlos. Y como la poesía que más me gusta es la inesperada, la que me encuentra cuando no la estoy buscando, entonces sucede que la mayoría de ellos no son “libros de poesía”.

El único librito de poesía que traeré a este post

Mi manera de elegir libros de poesía es quizás extraña: levanto de la mesa de novedades, o estantes o ferias aquel libro que me llamó la atención por su forma, su pequeñez (me pueden los libros chiquitos) su tapa o su título. Y lo hojeo, buscando random un poema para leer al azar. Confío en la velocidad de mi mirada para encontrar una palabra que me invite a detener el hojeado. Y leo. Si el poema logra el puñetazo, el impacto, el desborde, la piel de poio, sé que ese libro se vendrá a las casas. Algunos libros elegidos así han sido bellezas inmensas, títulos atesorados y recomendados al cansancio. Otras veces se trató de ese solo poema, incluso a veces releyéndolo años después ni siquiera logro encontrar cuál es/era ese poema especial, ahí es cuando me doy cuenta que no eran las palabras, era yo. Este librito hermoso “Dadarama” de Juan Premat es el que decidí traer al posteo. Tiene el poema del impacto, es chiquito, atesorable, es a esta altura, varios años después de la primera lectura, un libro/poema que se convirtió en talismán personal. Cuando necesito poesía pasar sus páginas es encontrarla/me.

Dadarama, de Juan Premat.

Cinco autoras 

Cuando preparamos el encuentro “Lecturas y Canciones” con Luciano Debanne, Ale Rezzonico y José Frattari el año pasado, me sumé cantando un par de canciones pero sobre todo leyendo. Y ahí supe, como una revelación para el resto de mi vida, que cuando tuviera que compartir públicamente lecturas, llevaría palabras de  mujeres queridas y admiradas, para soltar sus voces, voces de mujeres luchadoras, fuertes, sensibles, poetas (incluso aún cuando no escriben poesía, esta se les cuela y eso me emociona siempre). Liliana Bodoc, Tere Andruetto, Eugenia Almeida, Laura Escudero, Laura Devetach.

“Los días de la sombra”, de la Saga de los Confines, Liliana Bodoc.
El árbol de lilas, de Tere Andruetto y Liliana Menéndez.
“Inundación. El lenguaje secreto del que estamos hechos”, de Eugenia Almeida.
“La noche de las cosas”, de Laura Escudero Tobler
“Para que sepan de mí”, de Laura Devetach

La poesía en un color

“No existe nada en el mundo que sea Flicts. / Nada que sea Flicts”. Habitar este libro maravilloso de Ziraldo desde hace tantos años como soy capaz de recordar, fue descubrir la poesía en el color, la soledad, la tristeza y el poder y la magia que rodean el acto de mirar la luna, porque “nadie / sabe / la / verdad / (salvo / los astronautas) / que / de cerca / de cerquita / la Luna es flicts”.

“Flicts” de Ziraldo

La poesía en las imágenes y la música

Me gustan los álbumes y las historietas porque tienen dos lenguajes, dos formas de interpelarme, dos caminos para llevarme a la emoción. Además, la palabra y la imagen son mucho más que la suma de dos partes cuando actúan juntas. Y en los casos que se suma la música, trayendo resonancias desde el fondo de la memoria, el estado poético se me asemeja un momento vivido realmente por mí y no solo acompañado desde las páginas. Más de una vez he buscado la música para escucharla mientras leo, es una experiencia “surrounded” como ir al cine. Dejo que hablen los poemas a continuación:

Al dar vuelta la página de la historia “Manuel no es Superman” de Paula Bombara e Irene Singer me encontré con esta página y el impacto fue grande, de los más grandes que he tenido jamás como lectora. Del libro Quién soy editado por Calibroscopio.
De la serie “Diego niño & poeta” de Luciano Saracino y Nicolás Brondo en la antología federal de historieta infantil “Pumbapá”. Si no se lee bien el poema dice: “Amigarse / con el monstruo / dentro de uno”.
“Salón destino” un álbum silencioso dedicado a la pasión por la música y la danza de Carlos Vélez.
Hace muchos años, quizás el 2001, le di $20 a un amigo para que me trajera un regalo de su viaje a Cuba, me trajo una pila de libros, entre ellos este: “canciones de la Nueva Trova”. Es uno de mis libros de poesía favoritos, son todas letras de canciones. En la foto un fragmento de “No olvides que una vez tu fuiste sol” de Augusto Blanca.
Una de las “Historias cortas” de Luciano Saracino y Carlos Gómez, la titulada “Dictadura”. La canción de cuna que acompaña el relato se llama “Acalanto”, de Chico Buarque, versión castellana de Daniel Viglietti.

Dejo la versión con la música porque es otra experiencia de lectura:

Las poesías que son de otros pero son mías porque me cambiaron

A veces un libro se vuelve imprescindible porque me habló, lo escuché, le respondí y modelé el resto de mi vida en algún punto alrededor de esas palabras. Sé que estos que aquí comparto lo hicieron (o lo están haciendo). La humanidad, la vida, la muerte, por quién doblan las campanas, el otro, el amor, la mano izquierda de la oscuridad y la mano derecha de la luz, el cielo por las noches y las estrellas que saben reír, la amistad, los libros libres y las separaciones mínimas que nos distancian/acercan a la poesía, son mi regalo para este último posteo del año.

Dos fragmentos imprescindibles. Arriba: de “La mano izquierda de la oscuridad” de Úrsula K. Le Guin. Abajo: La cita con un poema de John Donne que inicia el libro “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway.
De “Invisible a los ojos” una versión de El Principito editado por Ediciones invisibles.
Mi edición personal de “separaciones mínimas” de Germán Machado y Matías Acosta que contiene un poema inédito sobre la separación mínima libros/libres que tuve la caradurez de pedir durante la campaña de financiamiento colectivo con la que hicimos el libro y los autores me dieron corte <3

Para cerrar el posteo quiero despedirme con unas palabras del Lu Debanne: “Yo creo que hay que mirar el mundo fascinado, no porque el mundo sea necesariamente fascinante, sino porque la mirada debe arder en fascinación”. Así igual yo creo que la poesía está en la lectura, en la mirada. Así me gustaría definir poesía para poder decir entonces que sí, que claro, que soy lectora de poesía. ¿Cómo podría no serlo?

Uno de los relatos de “20p” de Luciano Debanne ilustrado por JP Bellini. El libro se lee mejor desde la web de Ediciones de la Terraza.

Y no dejen de pasar por el blog de Pato que ahí encontrarán muchísima poesía.