Idilio con perro ahogándose

Les comparto la reseña de un libro fantástico, todo lo que diga de él no será suficiente, que encontré de pura casualidad en un juego literario: “Idilio con perro ahogándose”, de Michael Köhlmeier, editado por un sello que seguiré de cerca próximamente Rayo Verde. Ojalá les guste, les invito a leer, comentar, compartir y si les gustó también que me inviten un café para seguir creando contenidos a este blog.

Las razones por las que elegimos los libros que vamos a leer son curiosas. Hay tantas, como lectores y libros. La mía es un tanto inusual: elegí este libro porque me retaron a leer un libro cuyo título iniciara con “i” y di con este: “Idilio con perro ahogándose”, del escritor y músico austríaco Michael Köhlmeier, de quien es el primer libro que leo y espero no sea el único. La creatividad en un título, un nombre raro, intrigante, largo, es un faro al que no puedo dejar de acercarme. Y este tenía todo lo necesario para captar mi atención.

La lectura fue una sorpresa, cálida, grata, emotiva, maravillosa, pero sobre todo y aún a riesgo de ser redundante, sorprendente. Desde el momento que inicié la primera página no pude desprenderme del relato hasta que lo terminé. Las poquísimas pausas que tuve que hacer por cuestiones de la cotidianidad solo sirvieron para que quienes me rodeaban (en el mundo físico y virtual) tuvieran que escucharme hablar de la nouvelle en cuestión.

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El porqué de la palabra “idilio” en la tapa no deja de ser una pregunta que quedó dando zumbando dentro mí hasta hoy. El “perro” y el “ahogándose” no necesitan mayor explicación, pero el idilio… Decido finalmente que quizás sea el que unió a la escritura de Michael con mi lectura como con un hilo rojo. Fue como un viaje por un sendero a mitad de camino entre lo conocido y lo desconocido, como esa familiaridad que tienen ciertos lugares solo en los sueños. Constantemente fui encontrando pistas de algo que finalmente no supe qué era. Cantidad de referencias que aparecían por todos lados y le brindaban a mi recorrido la seguridad de pisar terruño conocido y sentirme en casa; pero a la vez tantas otras irrumpían en el viaje poblándolo de incertidumbre. Un libro que cuenta del vínculo entre un editor y un autor, cargado de títulos y escritores y ese mundo de la palabra que tanto amo. Desde Pirandello, Hemingway ¡o la fenomenología de Husserl! a quienes leí en alguna época de mi vida, pasando por Conrad o Edgar Allan Poe que son lecturas que tengo imperdonablemente pendientes, haciendo sonar a Bach entre las páginas embebiendo mi lectura entre fugas o con menciones casuales a nombres con los que me he cruzado de soslayo (en una película o una búsqueda de Google) como Thomas Wolfe hace poco. El viaje, mi viaje, se sintió un poco como el de Alicia haciéndose grande y pequeña, hablando con toda confianza y naturalidad con un personaje y desconociendo absolutamente qué pasaría en la vuelta siguiente del camino, o más precisamente, subiendo la montaña donde ocurrió cierto accidente, o bajando al río donde un perro camina confiado sobre una capa extremadamente delgada de hielo.

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Una lectura maravillosa, ideada por un autor ‒que a la vez es el narrador‒ quien permea de veracidad con todos los argumentos necesarios, un relato que quizás es completamente ficcional. Cómo saberlo. Él y su esposa Monika son reales, también la muerte de su hija Paula en un accidente, hecho que ha tocado su realidad con la delicadeza y la brutalidad de los momentos cruciales de la vida, hija a quien de hecho le dedica el libro. Pero cómo saber si el relato es cierto, si está “basado en hechos reales”. Si existió realmente esa jungla que Monika creó en el living de su casa, al lado del sillón(*), para sobrellevar con su arte el vacío y la tristeza del alma. “Algunas noches nos encontramos en la cocina. Como si viniéramos de países diferentes” dice el autor y pienso si el compañerismo tierno y amoroso que los une en la historia realmente los salvó en la vida real. Si el editor que dejó el último libro sin revisar existió realmente. Si el perro ahogándose fue realmente un perro ahogándose o todo fue una metáfora. “¿Qué tengo que hacer con esta historia?” le pregunta el autor a su editor sobre el final del libro y no hay respuesta, salvo que la respuesta sea justamente ese hilo rojo que fue capaz de unir su escritura con mi lectura.

(*) En el juego donde me desafiaron a leer un libro que empezara con la letra “i” debía además agregar un objeto a la foto de la reseña que se relacionara de alguna manera con el libro. En mi foto incluí el sillón rodeado de jungla (a escala de lo posible en mi terraza) porque un río congelado y un perro enorme estaban muy fuera de mis posibilidades, je.

Ficha del libro

Idilio con perro ahogándose
de Michael Köhlmeier
traducción de Joan Ferrarons
Rayo Verde Editorial
Ilustración: Gaietà Mestieri
Colección: Relámpago
ISBN: 978-84-15539-07-0
Género: Novela
Publicado en septiembre de 2012
19,0 x 13,2 cm
96 páginas

Borradores a la vista

Es una de las primeras veces que hago esto, no aguantarme a terminar la reseña para compartir todo lo que me bulle en la cabeza. No todos los libros movilizan igual, este me gustó mucho, el libro, la editorial y todo lo que quedó resonando. Si chusmean mi borrador y tienen ganas que arme un post más completo ¡díganme en los comentarios así me insuflan ganas!


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