De María Teresa Andruetto: “Modesta opinión sobre los Derechos de autor y la pandemia”

En este último tiempo, en respuesta a la situación excepcional de cuarentena y aislamiento, la circulación de contenidos digitales (exposiciones, libros, películas, etcétera) se expandió a una escala internacional. En tanto editora, periodista, pero sobre todo lectora apasionada, sigo con mucho interés los debates alrededor del mundo del libro: los que refieren a la situación de crisis que atraviesa, como las diferentes alternativas que van apareciendo para enfrentar las dificultades del sector en términos de sustentabilidad, así como los relacionados a la “liberación” de libros que acontece por estas épocas (liberación por parte de los sellos y los autores pero también y principalmente la de lectores intercambiando archivos digitales de libros). En estas últimas semanas se han recrudecido una multiplicidad de posiciones relacionadas con la circulación de libros no autorizada por sus autores, poniendo sobre la mesa la urgente necesidad de debatir acerca de los alcances y límites del acceso a la cultura tanto como los derechos de autor. En este blog estaré compartiendo, de entre la enorme cantidad de opiniones y artículos que están circulando sobre el tema, aquellos que a mi entender ofrezcan una perspectiva que nos invite a repensar/nos. En este post, comparto la opinión de la escritora cordobesa María Teresa Andruetto, que publicó en sus redes y que sigue a continuación. Gracias por leer, comentar y compartir.

Modesta opinión sobre los Derechos de autor y la pandemia

Soy escritora, pero también soy lectora.

He leído en libros en papel comprados, prestados, fotocopiados, PDF, e book y todas las faunas. Di durante años clases fotocopiando para todos mis alumnos algún libro que había conseguido y ya no estaba por ninguna parte o era muy caro o los alumnos eran demasiado pobres. Muchos leyeron por primera vez a un escritor/a en fotocopias entregadas en mis talleres.

Escribir da trabajo, pero si escribimos de oficio, estamos fritos. A mí, al menos, me da vergüenza comparar el trabajo de escribir una novela o un poema con hacer plomería, calzar un pozo de agua, recoger la basura por las calles, lavar el cuerpo de un enfermo, despostar una vaca o levantar una pared, sinceramente), no porque escribir no de trabajo, no sea trabajoso, sino porque no depende de las condiciones habituales de trabajo en los que hay una relación entre tiempo invertido y dinero cobrado por ello.

Se habla de contratapas, recomendaciones, prólogos, clases, cursos, corrección, charlas sobre libros, traducciones, revisión de originales, escritura en negro, gestiones culturales, organización de ferias, jornadas y festivales y de otras muchas cuestiones. Eso si es trabajo, pero escribir, lo que se dice escribir, me parece que no es exactamente eso. Es otra cosa, y esos trabajos que nombro suelen llegarnos porque hicimos (más o menos bien) “esa otra cosa” que, si bien da trabajo, es algo más y también algo menos que un trabajo.

Comparto la idea de un post que vi hoy acerca de que buena parte de la circulación de nuestros libros (de los míos, seguro) se la debemos a gestores culturales, editores, bibliotecarios, animadores, narradores orales, actores, maestros, profesores… que le ponen el cuerpo a la literatura para difundir nuestros libros (los míos, por lo menos) entre lectores que no llegarían a esos libros de otro modo.

Estamos en un momento totalmente excepcional, de los más difíciles que hayamos pasado, tal vez no exactamente en sentido personal, pero si para muchas personas. Amerita, creo, respuestas también excepcionales. Las enfermeras que pasaron por acá a poner la vacuna no están en blanco, a los maestros y profesores que están dando sus clases de modo virtual nadie les va a reconocer las horas de trabajo extra que se toman, a mis vecinos que trabajan por su cuenta en albañilería, carpintería de obra o changas, aun con ayuda del Estado, ¿quién va a reponerles el tiempo de estar sin trabajo, los clientes perdidos, el material arruinado? A los muchos músicos, actores y narradores orales de mi zona (y seguramente de todas partes) que vivían de sus espectáculos, visitas a colegios, funciones en pequeños teatros, ¿quién va a cubrirles lo perdido? Podría seguir enumerando al infinito, para decir que si bien no todos, casi todos estamos perdiendo algo con la pandemia, y que no todos, pero muchos, seremos (ya somos) un poco mas pobres que antes, no solo los escritores.

Los lectores leemos de prestado, los lectores vivimos prestando (y perdiendo) libros y yendo a bibliotecas y comprando usado y leyendo PDF o e books o fotocopias además de hermosos libros en papel, cuando podemos comprarlos. Muchos lectores no pueden pagar los libros, o por lo menos no pueden pagar tantos libros como quieren/necesitan leer. No es de ahora, es de siempre. Cuando alguien lee un libro de cualquier manera, como lo encuentra, como le llega, es porque le interesa; muchos a su vez enseñan, recomiendan, hacen que otros muchos lean (incluso compren tal vez) ese libro, lo hacen circular y es por eso que -como el mundo es redondo, el mundo gira- antes o después algunos terminamos publicando muchos libros, teniendo muchos lectores, también cobrando regalías por eso que escribimos. La lectura siempre estuvo asociada al préstamo, al usado, a la biblioteca, a la circulación subterránea, ilegal, secreta. Esa es una parte de las prácticas reales de lectura en nuestro país.

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Fuente: Publicado en la cuenta de Facebook de María Teresa Andruetto, 01/05/2020. https://www.facebook.com/mariateresa.andruetto/posts/10223405675478062

Crédito de la foto: Barbi Couto – Enero en la ciudad. Creative Commons, Atribución, Compartir Igual.
Fuente: https://flic.kr/p/2iWNFKZ