El otro lado de la grieta (Historia de los Cuatro Rumbos #4)

Con esta reseña de “El otro lado de la grieta”, concluyo mi lectura de la Historia de los Cuatro Rumbos, de Márgara Averbach. La disfruté tanto que seguramente pronto la leo otra vez. Ojalá les guste.

Las mismas palabras pueden hablar de verdades distintas de acuerdo al momento en que las leemos. Resuenan en diferentes paredes de nuestras cavernas internas. O quizás nosotros buscamos diferentes respuestas en cada momento. Extendemos nuestras palabras de búsqueda al horizonte y, al leer, el inacabable horizonte que son los libros nos presenta sus palabras más valiosas como una ofrenda de respuestas posibles. Somos nosotros -lectores- quienes, al leer, elegimos qué verdad guardar en ese rincón en el que nos refugiamos, acurrucados y solos, para protegernos de los peligros del mundo.

Leí “El otro lado de la grieta”, la cuarta y última parte de la Historia de los Cuatro Rumbos de Márgara Averbach, durante el verano. Me emocionó en lugares profundos, cerró el círculo del largo viaje por los centros del mundo con las palabras precisas, los gestos necesarios y la magia reunida a lo largo de las cuatro historias. En aquel momento me quedó resonando la palabra “grieta”. En el libro, la grieta es un puente, un puente entre ese lugar cualquiera donde las artodas tejen su red y deciden confiar su magia al viajero al abrirle su puerta oscura, y la imaginación de ese viajero de convertir ese trozo de oscuridad en un pasaje seguro a donde necesite ir. “Porque eso era la grieta: un puente entre un lugar y la imaginación del viajero”.

La sola idea de que la palabra “grieta”, que en nuestro país ha simbolizado todos estos años  la desunión, el enfrentamiento, la lucha, la falta de empatía, el abismo político e ideológico que divide a nuestra sociedad, pudiera significar “puente”, “pasaje”, “camino”, “magia” me impactó de maneras que no estoy segura de poder transmitir. Por días intenté explicaciones posibles, cómo convertir ‘nuestras’ grietas en la magia de Lomo de Lampala (la tierra del Norte donde transcurre esta historia). Mis intentos por momentos encontraban eco en textos de amigos y colegas sugiriendo reconstruir diálogos sociales rotos, maneras de resignificar a las palabras, quizás incluso dejarlas para después, después de la emoción y la acción que nos permitieran reencontrarnos en un abrazo, confiar en nuevas palabras para nuevos caminos, volver mejores…

Pero no hice la reseña del libro en ese momento y el momento pasó. Ayer quise sentarme a recuperar la lectura y escribir y revisé las páginas para recordar detalles. Pasé el resto de la tarde sentada en mi sillón leyendo toda la historia otra vez.

En esta nueva lectura me encontré con la grieta pero a la vez resonaron otras palabras:  “canto”, “alas”, “historias”, los “rumores”, pero sobre todo quedó resonando una sensación: la de hacer ‘zoom out’ sobre cualquier escena del libro, sobre todo la de la guerra final, la Revolución de los 6 puertos (una narración épica, cinematográfica, inolvidable). Ese alejamiento de cualquier detalle para ver el paisaje completo. Y poder visualizar con mirada privilegiada desde el cielo, convertida en un pájaro de plumaje azul, no una grieta sino la red de grietas, una telaraña indetectable, mágica, a lo largo y a lo ancho de todo el territorio, y a los magos y magas, y esclavos y rebeldes viajando por esos túneles tejidos por las artodas para encontrarse, para luchar, para tenderse manos, para ponerse a salvo, juntos.

Hay en el relato un lenguaje poderoso, en este libro nace una protagonista cuya magia está en el canto, ella es la cantora, con su música le crecen alas oscuras en la espalda, “apenas una marca externa del poder de la música, del hecho innegable de que entre los humanos la música es capaz de volar”, “CANTO”: la palabra está escrita en la habitación donde ha estado prisionera durante años la cantora y yo solo puedo pensar en la letra de Fandermole que me ha emocionado tantas veces y dice: “Tan débil soy que cantar es mi mano alzada / Y fuerte canto, canto / No sé más qué hacer en esta tierra incendiada / Sino cantar”.

Y esa música nace y brota embebida en las palabras que Márgara elige para contar su historia. Pero la magia en este libro reúne también la magia de los tres anteriores. Hay magia en las palabras, de búsqueda, en las fuerzas, en el cambio, en los otros, en la conversación, hay magia callada, de fuego y de curación, hay magia que es un sueño colectivo, y también magia de imágenes que brotan de las manos abiertas como si uno fuera a recoger agua de un arroyo, hay magia que es música y vuela. Y hay una gran magia que surge por primera vez cuando se reúnen por primera vez los magos de los cuatro rumbos. Márgara habla de una “sinfonía”, “una unión que todavía no había ensayado nunca, que no conocía el poder de su orquesta”.

Escribo esta reseña en días en los que en los cuatro rumbos del mundo la recomendación es quedarse dentro de la casa, no salir, prevenir, intentar entre muchos no dejar que un virus avance, impedir que se propague. Días en los que los rumores corren por las redes, todos los rumores, los verdaderos, los mentirosos, los que albergan esperanza y magia y los que no. Días en los que es posible ver vecinos haciendo música desde los balcones, artistas ofreciendo su arte como compañía en la soledad, pero también violentos que se creen más que los demás ignorando leyes y recomendaciones. La humanidad es lo que hacemos con nuestras decisiones, una oportunidad. Quizás, como dice Márgara sobre el final de su saga: es a la vez “un camino que era esperanza y era peligro en las manos humanas. Habría que ver qué hacían con él esas manos”.

Decir que recomiendo esta Historia de los Cuatro Rumbos no es suficiente. La recomiendo, pero además la siento propia, la he habitado, viajado, abrazado, sufrido. Encontré amigos, cómplices y guías. Me volví más fuerte entre sus páginas. He sembrado un vínculo desde ese rincón mío en el que me refugio en el mundo hasta todas las magias que habitan sus palabras. Esta saga es de ese tipo de historias que se vuelven “un lugar donde poner los pies, donde apoyarse”. Ese tipo de historias “que saben cómo empujar el mundo, cómo tocarlo con dedos mágicos”.

+info

Márgara Averbach
Historia de los Cuatro Rumbos IV
Colección El Barco de Vapor
sm, 2013
264 páginas
ISBN: 9789875733183