La Madre de Todas las Aguas (Historia de los Cuatro Rumbos #2)

Comentario de La Madre de Todas las Aguas, de Márgara Averbach, el segundo tomo de la saga Historia de los Cuatro Rumbos. La historia continúa, cada vez mejor.

“La Madre de Todas las Aguas” es la segunda historia de la saga “Historia de los Cuatro Rumbos”, de Márgara Averbach. Hace muy poco tiempo me enredé embelesada en la magia que brota de las páginas de la primera historia: “Los Cuatro de Alera”. Una magia clara, fuerte, conducida por la curiosidad, el respeto, la empatía, la valentía, la fuerza y el amor. Los cuatro magos amigos, más sus maestros, partieron de la Gran Isla rumbo al Este, al encuentro de su destino en Collar de Perlas, en un barco copiado de un mapa antiguo, con no mucho más que la certeza de sus creencias y la confianza de estar llevando adelante un plan para salvar al mundo. Será viajando que encontrarán respuestas.

Mientras tanto la historia presenta otro mundo en el Este. Un mundo partido en dos: científicos y legos. Los científicos estudian las estrellas abstraídos del piso bajo sus pies, creen que la sabiduría solo está de su lado y han perdido la curiosidad. “La curiosidad se enseña —dijo la maestra y bajó la vista—. Pero también se enseña en qué hay que interesarse y en qué no”. Y la curiosidad trepó a las estrellas y desconoció todo lo demás.

Los legos, bajo sus capas violetas, cuidan la magia que ha sido olvidada y está prohibida. Es una magia callada diferente a la magia llena de palabras de los viajeros de la Gran Isla. Los legos entienden la tierra por la que andan, cuidan también el agua que es vida y está muriendo. La Madre de Todas las Aguas es un volcán apagado, redondo, de paredes negras y agua cristalina y fondo de algas, algas que están muriendo, algas que no se renuevan, algas que ya no llegan porque los barcos han dejado de llegar.

Pero esta historia trata sobre un plan, sobre la llegada de un barco, y sobre la preparación de un encuentro. Porque los encuentros de dos mundos no se dan simplemente. Menos cuando en uno de ellos hay una grieta. Si hay una grieta no hay encuentro, solo hay choque. Y los protagonistas de esta historia lo saben. Para que haya encuentro hay que prepararlo, con cuidado, hay que encontrar las palabras, entender las razones, encontrar las preguntas precisas, compartir las respuestas, afianzar los lazos, abrazar las amistades, que se vuelvan fuertes, volver a abrir los ojos a la curiosidad, descubrir en los ojos extraños las miradas cómplices y encontrar el horizonte juntos, en una playa vestida de fiesta. Para que haya encuentro, hay que prepararlo.

El encuentro en este libro es “una canción que afirmaba que el camino era el que marcaba el agua”. El encuentro en este libro nacerá con los ojos fijos en el horizonte desde donde aparecerá un barco, como si naciera un amanecer. “Los viajes son la vida, me dijeron. Y hay que seguir el viaje. Hasta la vuelta”. Subrayé esa frase y me la copié en un cuaderno para no olvidarla jamás mientras la emoción me desbordó por enésima vez. Hasta la vuelta. Qué puedo decir: ya tengo el tercer tomo en mi mesa de luz que promete un viaje al Sur: “El lugar donde nacen las palabras”.

Info del libro

La Madre de Todas las Aguas
Saga Historia de los Cuatro Rumbos (tomo II)
Márgara Averbach
Ediciones SM, Agosto 2014
19x12cm, encuadernación tapa blanda
272 páginas
ISBN: 978-987-573-023-6

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