El Eternauta

Comentario sobre “El Eternauta” edición aniversario, de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López.

“El Eternauta” es un clásico de la historieta argentina que, imperdonablemente, tenía pendiente. Más aún cuando con mi compañero compramos una edición preciosa tapa dura que está en mi casa hace ya muchos meses. El domingo pasado me encontré frente a una preciosa tarde libre y fui pasando por el sillón, la mesa, la cama y el sillón otra vez, cambiando postura (mía y del libro que tiene una presencia importante) hasta que lo terminé. 352 fantásticas páginas ilustradas por Francisco Solano López según guión de Héctor Germán Oesterheld.

Quizás redunda contar de qué se trata, como siempre sucede con los clásicos. Hay innumerable cantidad de reseñas y análisis en la web que se pueden revisar. Para mí, la combinación de ciencia ficción, historieta y un personaje que acaba siendo un viajero del tiempo fue irresistible. En el transcurso de lectura no dejé de encontrar huellas y pistas de otras lecturas, algunas anteriores como “La guerra de los mundos”, otras posteriores: por dar un ejemplo mientras Juan Salvo y sus compañeros avanzaban hacia el centro de la ciudad para investigar quién es el invasor culpable del caos y la muerte, más de una vez no pude dejar de pensar en los Juegos del Hambre, por ese avanzar lento en una ciudad sitiada y llena de potenciales trampas.

Hubo dos sensaciones reiteradas en mi lectura: una la de un libro lleno de escenas muchas veces vistas en cientos de películas: el avance lento y complejo de los protagonistas hacia el objetivo, el exterminio y la guerra, la muerte y el heroísmo de los pequeños gestos que terminan construyendo grandes épicas. La otra es que noté lo mucho que me molestó el rol que cumplían las poquísimas mujeres de la historia: dos de participaciones mínimas: una mujer que muere en la viñeta de su aparición y otra que es una humana robot que pretende engañarlos y sobre todo Elena y Martita -su esposa y su hija- que son los personajes débiles a los que solo cabe proteger. En este sentido me quedé pensando en tres cosas: la primera es que este es un clásico, su primera publicación fue de 1957 a 1959 por lo que casi todas las películas de las que hablo vinieron después, ese loop infinito tiene un lugar respetable en la Historia de la historieta y la ciencia ficción argentina. En segundo lugar que el héroe que construye HGO en la historia es un héroe colectivo, jamás es solo Juan Salvo el que salva la situación, siempre es colectivo y ese es un mensaje político ineludible de la obra. Y por último, los villanos, el invasor real, los Ellos, no son los Cascarudos, los Manos, los Gurbos, todos seres inferiores manejados y manipulados por los Ellos. Quizás es una forma sutil de explicar que el invasor nunca se presenta ni pone la cara, sino que manipula sin miramientos a todos aquellos sobre quienes tiene poder e intenta fragmentar y sembrar discordia. Cualquier parecido con la realidad, actual, de esa, esta o cualquier época no es un pura coincidencia.

La historia personal de Oesterheld, desaparecido y después asesinado por la dictadura militar, él y también sus cuatro hijas, son prueba más que suficiente de que toda distopía, aunque sea de ciencia ficción y de extraterrestres tiene una base en la realidad que es ineludible y es ese el mensaje que el lector tiene que buscar tras los cuadros de diálogo y los dibujos. Esta edición que leí tiene un prólogo y un texto sobre los autores que ponen en contexto y explican los años en los que la historia fue publicada, una decisión de la editorial que nunca se puede agradecer demasiado.


Pueden leer la reseña y seguirme en Goodreads por acá: https://www.goodreads.com/review/show/3065206666