Los libros y la lectura como derecho

El viernes 7 de junio se presentó en Córdoba Capital el proyecto de ley para la creación del Instituto Nacional del Libro Argentino. En la nota, un desglose sobre los puntos principales junto a los fundamentos del proyecto, sumado a voces de referentes cordobeses del sector que proponen distintos aportes. Tuve la oportunidad de participar de la presentación hablando por las editoriales pequeñas, por lo que este proyecto de ley me interpela tanto como periodista como editora. Seguramente este blog seguirá el tema con mucha atención. Comparto a continuación la nota que realicé sobre el tema en el periódico La Nueva Mañana del que soy colaboradora. Ojalá les guste. Los invito a leer, comentar y compartir, muchas gracias.

Publicado en La Nueva Mañana en la edición del 14 de junio de 2019: https://lmdiario.com.ar/noticia/156001/los-libros-y-la-lectura-como-derecho

HACIA UN INSTITUTO NACIONAL DEL LIBRO ARGENTINO

Así como existen institutos nacionales del teatro, del cine y de la música, un Instituto Nacional del Libro Argentino (INLA) es una deuda pendiente para nuestro país, sobre todo considerando la importancia de la actividad editorial argentina, no solo a nivel nacional sino también internacional, cuarto en importancia después de España, México y Colombia. El proyecto de ley actual, una iniciativa del diputado Daniel Filmus que ya se presentó en el Congreso y en la Feria del libro de Buenos Aires, propone una mirada de fomento tanto de la actividad editorial como de la ampliación de lectores mediante “el fortalecimiento del acceso democrático, igualitario y federal al libro”. Esta mirada ideológica y política de entender el acceso a la cultura y a la lectura como un derecho humano, eje en los fundamentos y funciones del proyecto, fue reafirmada por el diputado y celebrada por quienes asistieron a la presentación en nuestra ciudad, que tuvo lugar el pasado viernes y que abrió el debate en busca de aportes y mejoras entre los distintos sectores del libro de nuestra ciudad. Parte de un doble perspectiva que entiende que el sector está compuesto por una multiplicidad de eslabones protagonistas (escritores, editores, libreros, entre otros) con sus propios intereses y perspectivas, pero a su vez forman parte de un mismo sistema de producción que los mantiene interrelacionados e interdependientes. Esta mirada sistémica atraviesa en líneas generales todo el proyecto, desde la propuesta de los órganos de gobierno del Instituto con representación tanto sectorial como regional, como en sus funciones y atribuciones. Entre los puntos a destacar vale mencionar la importancia que da a la necesidad de garantizar la bibliodiversidad, clave para una producción y circulación democrática de ideas, con regulaciones específicas para moderar la concentración económica del sector. El fomento de una mirada federal que ponga en igualdad de posibilidades la producción editorial de todo el territorio y no solo de Buenos Aires y que además trabaje por facilitar la circulación y distribución de los libros mejorando los costos de transporte. Poner en valor la traducción, la creación de un ‘Observatorio del libro y la lectura’ que produzca informes sobre el estado del sector que sirvan al debate público. Favorecer el acceso a lectores con discapacidad y el fomento a través de créditos y subsidios a la producción editorial, de modo tal que “el acceso al libro como un derecho no quede en manos del Mercado, porque es una preocupación del Estado tener ciudadanos que sean lectores”, como expresó Filmus en su exposición.

El proyecto de ley propone como definición de Libro Argentino todo aquel que tenga ISBN (es el número de uno de los registros obligatorios del libro en nuestro país, International Standard Book Number en inglés), que no contenga publicidad y se comercialice dentro del territorio de nuestro país. La representación en los órganos de gobierno del INLA están pensados a través de las entidades representativas del sector con personería jurídica o gremial y el presupuesto del Instituto estará integrado principalmente por un monto que no podrá ser inferior al 2% del presupuesto total de la Secretaría de Gobierno de Cultura. Es partiendo de estos conceptos centrales desde donde pueden surgir los principales aportes al proyecto.

Revisar que el presupuesto no dependa de la voluntad política del gobierno de turno y que libro argentino sea aquel que también “se imprima” en nuestro país fueron comentarios claves en la jornada de debate, al igual que cómo se diseñe la representatividad de los diferentes sectores que componen el mundo editorial.

En la presentación participaron Daniel Filmus, María Teresa Andruetto, Eugenia Almeida y Pablo Carro. Después de sus exposiciones se abrió el micrófono para participaciones de diferentes protagonistas del mundo editorial cordobés.

Córdoba tiene una actividad editorial sumamente prolífica

Si bien no hay relevamientos, si se cuentan los sellos que participan anualmente del Espacio Barón Biza, la feria Capítulo que busca abrir una amplia convocatoria de toda la provincia o la última feria del Encuentro de Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos, el promedio oscila entre 30 y 60 sellos. Entre ellos hay pequeñas empresas, una mayoría de emprendimientos unipersonales o de dos o tres socios, o colectivos informales. La cantidad de títulos publicados al año es modesta y las tiradas también, unos pocos miles, centenas pero incluso también decenas, dependiendo de la estructura de cada sello y de su propuesta editorial. Son justamente sellos con estas características los que garantizan la bibliodiversidad, porque no rigen los parámetros de publicación por variables económicas y asumen el riesgo de apostar por ciertas estéticas, autores y temáticas.

Es imprescindible que el INLA encuentre la forma de acompañar y garantizar la representatividad de estos proyectos editoriales que no siempre encuentran lugar en las cámaras existentes del sector. Que las tasas de los registros ISBN y los costos de distribución sean no prohibitivos para los sellos más pequeños y que se promuevan subsidios además de créditos a la producción editorial.

A fin de que el ecosistema del libro funcione con esa perspectiva sistémica que tan bien propone el proyecto, es importante que en los órganos de gobierno previstos (el Directorio y la Asamblea General, al igual que el Consejo Asesor) estén todos los protagonistas del sector incluyendo a escritores, editores, libreros, traductores y también ilustradores cuyo rol en la industria editorial es indiscutible y creciente y, sin embargo, aún hay mucho camino por recorrer en el reconocimiento de sus derechos. El librero cordobés Ibero Martínez lleva aún más allá su opinión explicando: “No es lo mismo un gran grupo concentrado editorial que una editorial independiente del interior del país, no se enfrentan a las mismas problemáticas una cadena de librerías de CABA con sucursales en todo el país que una librería con una sola boca de venta en Córdoba, claramente no tienen el mismo poder de negociación un autor multipremiado con contratos vigentes y agente literario que un autor novel editando y pagando la impresión de su primer libro. Para darle un verdadero sentido democrático y de justicia al proyecto es imprescindible otorgar una representatividad cuidada, con la cual se evite reproducir y/o aumentar los desfasajes y desigualdades actuales en todo el sector”.

Siguiendo el debate sobre la circulación y distribución de los libros, el representante editorial Juan Kolasinski puso el foco en la necesidad de que el Instituto acompañe y promueva acciones –junto a las cámaras– de capacitación e informatización de las pequeñas librerías: “Me parece muy preocupante cuando una o muchas librerías de dos años cierran, cuando hay zonas como Catamarca, La Rioja o San Juan, que no tienen librerías o están siendo mal cubiertas por cadenas. Hay una cuestión romántica vinculada al libro, en general veo que uno de los factores de cierre es porque no logran desarrollar un proyecto que en su base es económico, alquilar un local, pagar servicios, impuestos, empleados y todo eso no se puede hacer si no se vende una cantidad de libros por día. Es así de cruel e inevitable. No logran rentabilizar y eso termina desilusionando y provoca el cierre de la librería. Y necesitamos que la pequeña librería se solidifique y crezca, porque ahí es donde hay posibilidades de bibliodiversidad”.

A la hora de debatir un proyecto de ley es importante plantear a su vez un arco de posibilidad y de proyección. Qué es lo posible hoy –logrado en base a un consenso mayoritario de los diversos protagonistas del sector– y qué es lo deseable a futuro, que vaya en esa misma dirección potenciando los alcances de una buena ley.

La escritora y periodista Eugenia Almeida lo explica así: “Dar una conferencia, escribir un prólogo, hacer una contratapa en otros países se paga según un tarifario, porque se entiende claramente que hay ahí un trabajo de producción intelectual, y es la forma de proteger a los escritores que están comenzando. Hay sectores que quedan postergados porque pertenecen a una clase en la cual no tienen tiempo para regalar a actividades de uso de la palabra. Como comunidad eso es intolerable porque ¡imaginen qué escritores no estamos perdiendo! La mirada del acceso a la cultura como un derecho, en el proyecto de ley, es clarísimo. Hoy debatamos por lo posible y que en su espíritu contemple más: No solo democratizar el acceso a la cultura en tanto consumo o en tanto lecturas sino también y, muy importante, en tanto producción”.

Fomentar y promover el rol de la mujer en todas las etapas del proceso editorial debe ser una función del Instituto, para revertir la invisibilización histórica del género, promoviendo su participación en la actualidad y reivindicando los nombres de grandes referentes argentinas en concursos, premios y homenajes. Prestar atención a los sellos, autores e ilustradores que hoy publican con licencias Creative Commons u otras similares, liberando algunos derechos desde la perspectiva de los paradigmas de cultura libre, en un franco apoyo a la construcción colectiva del conocimiento y apostando por el acceso a la cultura y la democratización que hoy permiten la tecnología, Internet y las redes sociales, adentrarse en la temática y generar instancias de capacitación sobre la misma. Estos y muchos otros temas fueron puestos sobre la mesa.

“El derecho a la lectura es distinto a otros derechos. El que no lo ha experimentado no puede pelear por él”, expresó Filmus. Ser parte de este debate, seguirlo de cerca, en esta etapa en la que el proyecto aún está tomando forma, es un compromiso ineludible de cada uno de nosotros, como sociedad, para que cuando sea ley, nos represente a todas y todos y sea la mejor ley posible.

Las noticias sobre este tema pueden encontrarse en Internet y las redes sociales siguiendo el hashtag #ConLibrosHayFuturo

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