Lo esencial es “Invisible a los ojos”

Un día como hoy, el 6 de abril, de 1943 se publicó por primera vez “El Principito”, uno de mis libros favoritos en el mundo. Justo por estos días lo estoy compartiendo en voz alta con mi hija más chica. Comparto algunas fotos y comentarios. Ojalá les guste.

 

“Viví mucho entre adultos y los he conocido muy de cerca. Pero esto no ha mejorado mi opinión acerca de ellos” (El aviador, en Invisible a los ojos)

Ya lo decía en un post de hace varios años: el aviador es mi personaje favorito en esta historia del principito y en mi top ten de personajes literarios favoritos. Que la obra estuviera narrada en primera persona y que esa narración se sintiera tan auténtica, me emociona siempre hasta las lágrimas. No me dolió nunca demasiado la partida del principito, pero sí -y hasta lo más profundo de mi ser-, el dolor y la nostalgia del aviador. Esa súplica de las últimas páginas que nos pide no olvidar al pequeño príncipe, convertida en invitación a escuchar cascabeles en la risa de las estrellas, la complicidad que he sentido siempre con él al no comprenderme a mí misma como una “persona mayor”, la sencillez de su escritura, la invitación constante a la magia de ver corderos a través de las cajas, a entender la amistad como un lazo y un trabajo amoroso de las partes involucradas, una historia que llevo guardada como un tesoro en mis recuerdos y en el corazón, así, bien cursi.

Con el tiempo llegué a tener varias ediciones: la leída hasta el cansancio, deshojada y forrada en plástico, la miniatura monita chiquita preshiosha que en realidad no he leído porque es imposible manipular esa pequeñez pero que mis hijas aman, la edición de lujo -regalo amoroso de mi compañero- y esta última que compré al colectivo “invisible a los ojos” porque sí, porque si es licencias Creative Commons, si es producción colectiva, si es ilustrada sencillamente me lanzo y allá voy, pero que todavía hoy, varios años después, aún no había leído. Y es de esa edición de la que quiero hablar hoy.

“Invisible a los ojos”

Hace cinco noches empezamos a leer esta edición con mi hija de seis años, un capítulo por noche. La primera noche estuvimos viendo la tapa. “¿Cómo se llama el libro má?”, me preguntó. Habitualmente si el libro lleva título en letras mayúsculas lo leemos juntas, es un juego-aprendizaje conjunto que compartimos por estas épocas. Pero este libro no tenía título, a simple vista. “Cerrá los ojos”, le dije, y le puse su manito sobre la tapa. Ella tocó y emocionada dijo: “¡¡Las letras están invisibles!!” y empezamos a curiosear a trasluz. Desde esa vez todas las noches me pide que leamos el libro “ese que es invisible para los ojos”. Me doy cuenta que si este libro se queda guardado en su corazón y su memoria como sucedió conmigo, nunca será “El principito”, este es otro libro, es “Invisible a los ojos” y me parece mágico cómo el tiempo, la cultura, la transformación de esta cultura que es tan mía como de todos y sobre todo es colectiva y social, es la prueba tangible de los tiempos que pasan, en mí, en mi hija, en todos… de lo que permanece, de lo que cambia, de lo que trasciende. Recomiendo esta experiencia, con ganas.

“Me atrevo a sospechar”, dice Alejandro Dolina en el prólogo, “que tal vez la verdadera experiencia de este libro no consiste en ver al principito sino en asistir al choque entre la sensibilidad del pintor y la del poeta. Tal vez de esta colisión puedan emerger algunas chispas y esas chispas son el libro”.

La historia de este libro

invisible a los ojos from tiana on Vimeo.

Me apasiona conocer la historia de los libros, sobre todo cuando esa historia ha sido pública o ha involucrado a mucha gente. Así que les cuento un poquito la historia de este. Hace unos años la historia de El Principito pasó a dominio público, ¿esto qué significa?, que  pasaron la cantidad de años (70) a partir de la muerte del autor, tiempo durante el cual la obra está ‘protegida’ por la ley de propiedad intelectual y por lo tanto nadie puede copiarla, reproducirla, compartirla, etcétera sin permiso de los titulares del derecho de autor. Los años pasaron y al entrar a dominio público esos permisos caducan y cualquiera puede acceder y publicar esas obras u otras derivadas de esa. Fue así que un grupo de artistas aprovechó que el libro original estaba disponible para experimentar un juego de ilustración colectiva, que muy pronto se convirtió en libro digital y muy poco tiempo después un bello objeto libro impreso.

“Juanma Garrido tiró la idea. Mica Sánchez Malcolm sumó a Tamara Méndez. Y Tatiana Pollero completó el cuarteto inicial. Convocamos artistas. Queríamos uno para cada capítulo del cuento. Pensamos que serían 27. Se postularon más de 600 ilustradores de Argentina, América Latina y del mundo. 160 fueron seleccionados y trabajaron de forma mancomunada, colaborativa y desinteresada: Invisible a los Ojos no tendría (ni tiene) Copyright”, explicaron en el proyecto que subieron a Idea.me para juntar los fondos necesarios para imprimir el libro. El proyecto fue -evidentemente- exitoso y el libro pudo imprimirse.

Quienes siguen este blog saben de mi afición y militancia por la cultura libre, así que no puedo más que aplaudir la decisión de los autores traductores ilustradores y editores de publicar este libro con licencias Creative Commons que permiten la copia y reproducción de este ejemplar, porque es “la garantía para que todos puedan apropiarse de la obra (siempre y cuando el uso que realicen de la misma y sus derivados no sea comercial). Algo completamente digital, diferente y plural, de todos y para todos”. explicaban en el proyecto, licencia que también sostuvieron para la copia impresa del libro. Es más, el pdf para leerlo online o descargarlo está disponible gratuitamente para todos. Coloqué el enlace al pie de esta nota.

El libro

“Para acrecentar el caos, los editores han resuelto convocar a centenares de ilustradores. En un libro convencional, de los que se venden en los quioscos, la idea sería simplemente suicida”, sigue Alejandro Dolina en el prólogo y continúa: “Ahora bien, todos sabemos que El Principito nació ilustrado por el propio autor. Alguien podría decir que una serie nueva de dibujos constituiría una intromisión lisa y llana, tan escandalosa como agregarle frases o capítulos supernumerarios. Es necesario dar por válida semejante acusación y aceptar todas sus consecuencias. El escándalo es la tercera experiencia artística que este libro registra. Hacer que se indignen los buenos burgueses de al lado de mi casa es un asunto central en el arte de estos tiempos”.

Las ilustraciones

Empecemos por lo primero que llama la atención y que Dolina hace explícito. El libro de página a página cambia de ilustrador, de hecho cada capítulo está ilustrado por diversos artistas. Ni falta hace aclarar que cada uno de ellos utiliza técnicas y estéticas diversas. El Principito siempre es diferente, el aviador también, la oveja-cordero-carnero tiene tantas versiones que ni siquiera las cajas que finalmente le sirven de casa son iguales en todas las páginas aunque todas tienen los consabidos 3 agujeros. Por fuera de las ilustraciones principales, hay despieces, cuadros infográficos, recuadros con info adicional, datos paratextuales y frases destacadas, además del crédito de los ilustradores con una referencia para poder seguir su trabajo en las redes.

Aquí están, ellos y ellas son:
Pablo Bernasconi (Tapa) – Aixa – Alejobz – Alentropia – Alti – Alvaro Quiceno – Amela Vidal – Lucy Sánchez – Andrés Rosenberg – Toodrunktofuck – Angel Muñoz Callejas – Pink Spinny – Agus Morrison – Azul Piñeiro – Bárbara Olivera – Boris Maita – Brunancio – Bruno Pires – Camilo Berneri – Caridibuja – Veeneli – Carlos Dearmas – Char-Lee – Felipe Niño – Carlos salazar – Cvdg – Lu – Carmen Nogales – Cata Flores – Csr Jara – Kimita Kubayashi – Claudio Iriarte – Daniel Gallego – Daniel Roldán – Danilo Innocente – Laynnes – Delfina Pérez Adán – Dianeth Medina – Diego Frachia – Maíz – Eduardo Roncal – Ed Zap – Shinsiete – Enrique Vignolo – Ernesto Guerrero – Eva – Fabricio – Ochopante – Favella – Efe Magna – Muffin – Caveman – Fernando Carmona – Flor Crespo – Francisco del valle – Fran – Franco Dali – Franco Viglino – Gabriel Fermanelli – Gade – Gaby – Limón – Gaston Pacheco – Gaston Vallejos – Gerardo Martínez – Gonzalo Ares Villafañe – Kad Montes – Gustavo Sala – Gustavo Santome – Momo Scacchi – Ismael Figini – Iván Kuntz Ampuero – Javo Delfino – Jit Martinez – Johann Andres Cardenas Falla – Johel Rivera – Jonathan Romero – Haku – Rolando Portero – Mr. Andrelo – Mebz Art – Zuleta – Armando León – Juan Casal – Carecomicart – Juama Garrido – Puerto – Juanmiguelisimo – Juampa Camarda – Hopeazul – K2man* – Kevin Moreau – Leo – Alke – Lucas Rod – Lulelia – Tano Veron – Lac – Maga – Hexico – Manfred Maroto Arias – Ciervo Blanco – Daigorō – Marcelo Miraglia – Paciamor – Maeugenia – Cuatro Ojos – Gimena Brun – Mjdaluz – Airam – Memé Candia – María Victoria Rodríguez – Cobrinha – Momo – Marianonerd – Matt Barrera – Ojo De Bife – Martina Bazán – Sanchez Ilustrado – Mau Lecinas – Capitán Tanaka – Maxi Dall’o – Nadina Rubiños – Mr Rolli – Nat Bella – Natalia Letona – Nati Milner – Nevilk – Panda (Nix) – Salty Ride – Nicolas Brondo – Oliver Ariel Carlos – Misi Fushi – Pablo Elías – Pablo Túnica – Pamela Barbieri – Eldanova – Paula Ventimiglia – Pau Wegman – P.Lee Chavez – Pupé – Daradikal – Chi – Ricky Chom – Rosee – Rodrigo Luján – Roger Hoyos – Sabri P – Chava González – Santi Lissarrague – San / San Milano – Niett – Sebastian Infantino – Sil Chibi – Sol – Stephanie Chaves – Tiana – Val – Valerie Fernanda – Vero Escalante

El texto

El segundo tema que me llamó la atención, y aquí me quiero detener, es la traducción, realizada del texto original por Florencia Morado y Micaela Sánchez Malcolm. Hace un tiempo me quejé con bronca y desilusión de dos versiones traducidas por el mismo Bonifacio del Carril, el traductor histórico de la edición que circuló en español por años y años. Dejo esta foto de dos ediciones tradicionales como ejemplo.

Mi bronca venía por el lado de que el mismo traductor (o quizás los editores) reemplazaron la palabra “mayor”, de la expresión “personas mayores” por “grande” o “personas grandes”. Y una sola palabra me hizo todo el ruido del mundo. Para mí modificaba el sentido, incluso la empatía que yo sentía con el aviador, su sutil ironía entre otras cosas. Recordemos, como dije antes, que me sabía el libro de memoria por esas épocas y que seguramente estas sutilezas era simplemente interpretaciones mías.

Pero acá, de pronto, en esta edición de “Invisible a los ojos” me enfrento a leer en voz alta un texto archiconocido por mí en palabras diferentes, en una traducción completamente nueva. Y de pronto me pasa lo que Casciari explica tan bien en este post titulado “La gramática necesita vacaciones”. De pronto leo “dibujame” y dudo si allí debería decir “dibújame” o si la acentuación correcta es “dibujáme” y empiezo a prestar atención a la traducción. Preparada para enojarme de nuevo, y tal vez esta vez en grande, tuve una grata sorpresa. Sutil, cercana, sin acentuaciones exageradas que lo aporteñen, el libro está traducido en castellano argentino o rioplatense o como sea que se llame esto que hablamos nosotros y eso me encantó.

—¿Y qué hacés vos con quinientos millones de estrellas? leo por ahí y me sonrío por dentro. Esa obra que tal vez no podía estar más incorporada a mí recorrido lector, más dentro de mí, de pronto está aún más cerca, en la lengua que hablo y escucho cotidianamente. Es un mimo leer una de las grandes historias de la literatura universal en la lengua propia. Gracias por ese enorme trabajo a las traductoras.

 

“Se ha dicho que la crítica ensancha los horizontes de las obras”, termina Dolina, “¿Por qué no ser más audaz? ¿Por qué no convertirse el crítico en autor, invadiendo a sangre y fuego la supuesta propiedad privada de un libro o un poema? Con este tono de agitador profesional los convido a examinar este nuevo y colectivo Principito, precursor acaso de futuras gestas multitudinarias en las que miles de talentos volverán a escribir, a pintar o a componer las obras artísticas más grandes de la historia”.

Me quedan 22 noches de lectura con mi niña, para que juntas arribemos a esa bella última página con la verdad más grande que uno puede descubrir de la mano de los libros: “Mi secreto no puede ser más simple; sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos“. Les deseo a todos una experiencia tan hermosa como la que me espera para el resto del mes.

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