El cielo

“El cielo”, un libro lleno de fantasmas de Nona Fernández, editado por Caballo Negro.

Una escritura endiablada avanza sobre los cuentos, cada tanto vuelve sobre sus pasos, refuerza una imagen, una frase, una cierta palabra, deja un mojón para que el lector desprevenido confunda las historias y los personajes. “Encabezando el cuento, haciendo un llamado urgente a la página en blanco. Lo primero es esto, bautizar la historia, darle un carácter” dice la autora en uno de los relatos y hace lo propio en cada uno de los cuentos, cambiando la piel en cada uno, atravesándolos profundamente por la personalidad y la mirada de cada narrador.

Es el personaje devenido en Luis en el cuento “Marión”, donde el protagonista -en su búsqueda de un nuevo comienzo- acaba representando el rol del tal Luis cuidando a su enamorada en sus últimos días oscuros y demacrados, ánimas de un cuento.

Es la nieta de Blanca devenida en la misma Blanca en el cuento de igual nombre, donde un vestido y un abrigo la llevan por el tiempo a un encuentro con Octavio y la juventud desconocida de su abuela, el café, un licor de Toscana, naranjitas confitadas y una caja de cartas que guardarán por siempre la historia de ambos.

La autora vuelve a mutar y se transforma en escritor en “Emilia”, sondeando en las palabras para recuperar la historia de su antigua amante, buceando en los tambores de un Carnaval y una playa para descubrir a una mujer casi transparente, rota y crear un final para su historia en el bar El Limbo que les permita redimirse, quizás a ambos.

En “Zapato roto” quien cuenta la historia es Julio, un filósofo desempleado mientras escucha a su mujer Teresa tocar el piano en las puertas de la pobreza y halla entre sus melodías el recuerdo de la infancia que le devolverá la esperanza.

“Primero de noviembre” encuentra a un poeta, joven desaparecido, volviendo al abrazo con su padre moribundo para despedirse y en ese breve instante abrirle las puertas del cielo.

“Maltés” es la historia que cuenta La Gringa donde la pasión por escribir alcanza un clímax de locura: “Alcanzar un espacio sin tiempo y sin reglas donde cualquier cosa es posible. Una copia del mundo, pero a la medida del que escribe. Las palabras son la clave, basta con seguirles el ritmo, sentir sus pulsaciones, dejarlas jugar y sobreponerse unas a otras, como en una escalera mecánica”. Maltés decía que había que darles espacio a las palabras, dejar que se cumplieran sus arrebatos, sus caprichos. Sólo a través de ellas puede inventarse un nuevo ritmo, un swing distinto. Palabras sincopadas reventando un tiempo muerto, palabras cadenciosas que se elevan de a poco, que despegan, que vuelan y que, en una de ésas, decía Maltés, si tienes suerte, te hacen golpear las puertas del Cielo”.

“El Cielo”, el cuento que da nombre al libro lo narra una vieja borracha en un departamento desvencijado donde conoce a Mara y su Tadeo. “Los muertos no vuelven”, dice. Mara le retruca: “pero igual penan, asustan”. Ella insiste: “Los muertos nunca vuelven”. Sin embargo sus fantasmas atraviesan las páginas del libro de página en página, dejándonos la sensación etérea de haber visitado la ciudad de la autora chilena en más de una ocasión, pero una ciudad subterránea, un inframundo poblado de criaturas translúcidas viviendo sus propios limbos en la búsqueda de, quizás, alguna forma de salvación.

Info del libro

El cielo
Nona Fernández
Caballo negro, Marzo 2018
20 x 14 cm; 170 páginas; rústica
ISBN 978-987-3612-28-2