Un nocturno, hace años, y un estado de poesía

Hace muchos años, en mis primeros veintes, o incluso antes, escuché esta obra por primera vez: https://www.youtube.com/watch?v=vJz…, el Nocturno número 13 en Do menor, de Chopin, opus 48, N° 1.

No había Youtube en esa época, no era tan sencillo como ahora explorar y encontrar o seguir a un músico. En mi casa había una colección de discos (sí, discos) de música clásica y estaban dando vueltas algunas copias de la colección las Joyas de la Música en cds, pero siempre eran obras orquestales y yo prefería escuchar obras de piano. Películas como la Amada Inmortal, sobre la vida de Beethoven, o Claroscuro sobre la vida del pianista David Helfgott me marcaron profundamente. Había algo que se me estrujaba en el alma cada vez que me ponía en sintonía, y vibraba por la piel. Aún lo hace.

No sé si alguna vez lo conté por estos lados, pero fui pianista, empecé a eso de los seis hasta entrados los veinte. Aún hoy mis manos, en consonancia con mi cabeza, recuerdan obras que supieron de memoria, y que tarareo mientras lavo los platos o apilo libros.

Esa noche que escuché por primera vez el nocturno de Chopin la recuerdo bien. Escuchaba, como era de rigor por esas épocas, el programa de Dolina, “La venganza será terrible” y el nocturno fue la melodía que separó dos bloques del programa. Me recuerdo con los auriculares puestos, sentada en el piso y apoyada contra la pared de mi pieza. Primero entretenida tratando de imaginar la digitación de esos primeros acordes que sonaban, sospechando que la obra no parecía tan difícil y sonaba lindo. Después entrando de lleno a un estado de embelesamiento del que no puedo salir jamás al escuchar esa obra. Esa obra es un abrazo, apretado, apasionado, envolvente. Es un abrazo que gira alrededor y carga el alma de nostalgia por algo que uno ni siquiera sospecha que tiene o añora. Esa obra marcó mi alma de una manera que pocas cosas han hecho, antes o después.

Me recuerdo el lunes siguiente a esa noche, pidiéndole la partitura a mi profesora de piano. Ya había terminado mis estudios pero seguía yendo porque nunca pude pensarme a mí misma dejando de ir. Ya no seguía un programa, estudiaba las obras que quería y ese lunes le pedí este nocturno. Lo buscamos, y empecé a estudiarlo. No había youtube para encontrar versiones. Todavía no estudiaba en la Escuela de Artes como para sondear su medioteca, no lo encontré en las disquerías porque no era de las obras de Chopin más populares, por lo que la obra solo siguió resonando en mi cabeza como el recuerdo de una noche de venganza, mientras lidiaba con los acordes de décimas imposibles para mis dedos, aunque fueran largos. Pronto me di cuenta que lo único fácil de la obra (técnicamente hablando por supuesto) era solo la primer página y los dos primeros sistemas de la segunda. Después todo se volvía enredado, complejo, profundo, envolvente, y llegado a ese momento abandonaba el estudio y seguía la partitura oyendo la música en mi cabeza.

No sé por qué recuerdo esto, en este momento. Probablemente porque los primeros compases del nocturno vuelven y vuelven, una y otra vez por estos días. Mientras preparo el café, cuando levanto la mesa, al acomodar juguetes o doblar la ropa. En esos pequeños momentos cotidianos cuando la cabeza queda libre del trabajo o las preocupaciones. Cuando no estoy pensando en nada más, aparecen los acordes y sin darme cuenta me encuentro tarareando sin pausa y apasionadamente los compases finales, los que se escuchan desde el tercer minuto y medio más o menos. Y para cuando lo noto, tengo los ojos llenos de lágrimas y el alma rebosante.

A veces me cuesta la poesía. No la entiendo como otros, la leo desde la musicalidad de las palabras, a veces suave, a veces terrible, pero me cuesta entenderla, soy demasiado racional, me cuesta dejar de lado la razón para abrir la puerta a los sentidos. Pero creo que es eso lo que quería contar. Este nocturno es la puerta más directa que he encontrado en toda mi vida, para entrar al estado de poesía. No tiene ni antesala, me zambulle de un empujón. Y si este nocturno está volviendo, seguro hay algo que está volviendo con él.