Pedir y dar, ¿nuevas formas de sustentabilidad para nuevas épocas?

Todavía resuenan en mi cabeza debates, preguntas, opiniones y comentarios de la mesa 1 del Congreso Online de Gestión Cultural, cuya temática abordó, entre otros temas, el de la sustentabilidad de los proyectos encarados desde la cultura libre. A ese tema en particular quiero dedicar este post, aunque es inevitable que termine hablando también de otras cosas, como la conformación de comunidades, el financiamiento colectivo, la producción independiente, el trabajo colectivo y horizontal. En ese marco, rescatar también la importancia de las formas y los modos, me refiero al respeto, la honestidad, la confianza y por qué no, el amor a la hora de producir proyectos culturales.

El Congreso y su metodología

La lógica del Congreso me pareció por demás interesante. Primero se publican las ponencias de la mesa en cuestión, con un punteo de preguntas para reflexionar o tejer propuestas de debate entre las ponencias, en un blog con posibilidad de dejar comentarios respondiendo esas preguntas o generando otras. Con un grupo de chat vía Telegram para que todos los interesados en la mesa en cuestión podamos ir entrando en contacto. Unos días después tiene lugar una videoconferencia que reúne a todos los que se sumen a verla online con los autores de las ponencias, pero no para exponerlas, sino para reflexionar sobre las preguntas y todo lo que se generó alrededor de ellas en esos días, en los comentarios y en el chat. Todo, las ponencias y la videoconferencia con sus respectivos comentarios quedan disponibles online publicadas con licencias Creative Commons para que cualquiera pueda sumarse al Congreso cuando quiera. Un hashtag: #GCultural2016 permite encontrar todo el contenido que circule en relación al congreso en blogs o redes sociales. Abrir, abrir, abrir, ampliar, expandir y compartir, libremente.

Como metodología de producción y circulación de conocimiento, como forma de compartir experiencias y de proponer la construcción de relaciones y de intercambios, me parece que es excelente, digna de prestar atención y copiar para otros eventos similares. Y le dedico todo este espacio de reflexión a la metodología porque justamente la cultura libre apunta a una transformación radical de los modos, a descartar la forma en la que tenemos seteada la cabeza, la forma de pensar, las prácticas, las estructuras jerárquicas que le dan forma a la sociedad, a la economía, a la educación, a la cultura y que tenemos tan integradas que muchas veces se nos dificulta identificarlas como condicionantes en nuestra forma de pensar.

Me animo a pedirles que se animen a poner en pausa sus certezas y pensar que hay otras posibles.

Por dónde empezar

Participé con una ponencia en esa primera mesa, contando la experiencia del sello del que formo parte Ediciones de la Terraza (donde publicamos libros ilustrados con licencias Creative Commons y nos animamos a explorar formas alternativas de financiamiento como el financiamiento colectivo o crowdfunding), junto a otros proyectos por demás interesantes que les recomiendo conocer en este enlace. Y cuando me tocó responder la primer pregunta: ¿Cuál consideran que es la clave de la sustentabilidad de los proyectos de cultura libre? de alguna manera me bloquee. No es que no tuviera mucho que decir, si no que eran tantas puntas, tan relacionadas entre sí y tan diversas como para no saber por dónde empezar. En ese momento pensaba la experiencia de la editorial y la cuestión del financiamiento colectivo con el que involucramos a la comunidad terracera que nos rodea y nos permite la publicación de muchos de nuestros libros, pero pensaba a la vez los comentarios que habían estado circulando en el chat de Telegram y en los comentarios de las ponencias. Ahora mismo, queriendo ordenar las ideas me sucede algo parecido. Entonces les propongo este listado, larguísimo, de preguntas que se me van ocurriendo, para que pensemos juntos.

¿Por qué debería haber una clave de la sustentabilidad? ¿Hay claves de cómo deben sustentarse proyectos de cultura libre? ¿No se va aprendiendo de la prueba y el error y profundizando los aciertos con nuevas apuestas? ¿La sustentabilidad de los proyectos de cultura libre debería ser distinta de otros proyectos culturales no necesariamente publicados con licencias libres? ¿En ese caso en qué radicaría las diferencias? ¿Y las semejanzas? Por ejemplo en nuestro proyecto los libros físicos se venden, como tantos otros en el mercado editorial tradicional, mientras que las versiones digitales se distribuyen gratuitamente en la web. ¿Qué acaso la primer forma aporta sustentabilidad y la segunda no? ¿O aporta de una manera diferente?

¿Por qué hay gente que cree que la cultura libre es sinónimo de cultura gratuita? ¿Como nos convencemos los productores de cultura libre que vivir de nuestro trabajo cultural es legítimo, válido y eso no impregna a nuestros proyectos de ninguna connotación negativa?¿En serio siguen los productores o gestores culturales pensando que para que el arte no se bastardee debe ser gratuito o al menos no lucrativo? ¿Los consumidores de esos proyectos culturales lo piensan? ¿Por qué a veces hay prejuicios para hablar de cómo sostenemos nuestros proyectos culturales?

¿Por qué cuesta que muchos colegas se cuenten entre sí qué dificultades tienen y cómo las resuelven, cuando se trata de cuestiones relacionadas con la sustentabilidad de los proyectos? ¿Qué tiene de malo el voluntarismo? ¿Por qué uno no puede dedicarle todo el tiempo que desee a un proyecto cultural sin cobrar por esas tareas? ¿Por qué uno no puede cobrar por todas esas tareas sin sentirse culpable en muchos casos? ¿Culpable de qué? ¿Culpable de estar quitándole recursos a un proyecto que los necesita? ¿Culpable de contaminar ese proyecto con la idea de “lucro”? ¿Será que cuando uno ama lo que hace, es voluntario de un proyecto porque confía ciegamente en él y quiere que sea exitoso a como dé lugar y está dispuesto a sacrificar su trabajo personal? ¿Cuánto tiempo puede sostenerse esa actitud sin que se vuelva tóxica para el mismo proyecto? ¿Hay una idea latente en la sociedad de que el trabajo debe ser algo sacrificado, que no necesariamente nos guste y por el cual debemos cobrar un sueldo a fin de mes? ¿En ese caso, si nos gusta lo que hacemos -como suele suceder en los proyectos culturales independientes- debemos renunciar a entenderlo como un trabajo? ¿La idea de trabajo debe estar intrínsecamente relacionada al dinero y al lucro?

¿Los proyectos de cultura libre, al poder copiarse y compartirse libremente, atentan contra su propia sustentabilidad? Una pregunta que resuena mucho en mi contexto de trabajo editorial: ¿Si soy autor y mi libro se puede copiar libremente, de qué voy a vivir? Y la re-pregunta automática: ¿Logran los autores realmente vivir de las regalías de venta de sus libros? Las presentaciones de sus libros, su actividad como autores, la comunidad de lectores que construyen a su alrededor en las redes sociales, las tareas de promoción de la lectura, ¿forman parte de la sustentabilidad de sus proyectos de vida?

¿De qué manera aporta a la sostenibilidad del proyecto que esté publicado con licencias libres y circule libremente? ¿Proyectos publicados con licencias libres pueden generar ingresos? ¿Puede el proyecto autosustentarse? ¿La sustentabilidad de un proyecto se mide en parámetros económicos exclusivamente?

¿Qué rol cumple la comunidad alrededor del proyecto? ¿Compartimos con esa comunidad los problemas o aciertos relacionados al sostenimiento del proyecto? ¿Los involucramos? ¿Buscar sostenimiento con ayudas estatales o de organizaciones no gubernamentales o del sector privado condiciona la independencia del proyecto? ¿De qué modo? ¿Estamos dispuestos a movernos en grietas, fronteras que nos obliguen a discutir estas cuestiones con gente que piense distinto a nosotros o preferimos mantenernos en una zona de confort donde no nos cuestionen nuestros principios?

¿Qué rol cumplen los pares en las discusiones, intercambios, articulaciones de proyectos de cultura libre? ¿Intercambiar experiencias, articularlas, ayuda a la sostenibilidad de las mismas? Los productores de proyectos de cultura libre ¿deberíamos consumir mutuamente las producciones de los pares para favorecer un circuito interno de consumo y así favorecer la sustentabilidad de todos los proyectos? ¿lo hacemos? ¿sería suficiente? ¿Somos coherentes con la apuesta a la cultura libre en otros aspectos de nuestras vidas por fuera del proyecto que llevamos adelante con esa lógica? ¿Existen los espacios para poder conocernos y encontrarnos? ¿Son suficientes?

¿Qué rol cumple la educación en la construcción de una comunidad que apueste por una cultura cada vez más libre? ¿de qué manera podemos aportar nuestras experiencias como capacitación para formadores? ¿cómo podemos poner a disposición las producciones de cultura libre como recursos atractivos y necesarios para al ámbito escolar? ¿Qué implica convertirnos en mediadores?

No voy a compartir acá respuestas puntuales a cada pregunta, creo que la riqueza está en compartir las preguntas y crear algún tipo de conocimiento reflexionando juntos desde la experiencia de cada uno. En ese caso, los espero en los comentarios y prometo un nuevo post con las reflexiones que podamos construir colectivamente.

Por dónde seguir

Todas estas preguntas dejan algunas palabras claves en las que quiero ahondar. Lo comunitario, lo horizontal, lo colectivo y la comunicación. Y entonces me hago esta pregunta: El financiamiento colectivo y la cultura libre, pedir y dar ¿son dos caras del asunto?

Hay una conferencia en la que la música y artista Amanda Palmer habla de esto y se llama “el arte de pedir”. Les recomiendo que la vean. La traigo a colación porque Amanda dice una serie de cosas que me parecen esenciales: Las personas, si realmente llegamos a mirarnos y vernos, si llegamos a ese momento de contacto real, entonces queremos ayudarnos. Entonces si uno en tanto productor cultural pide colaboración, ayuda, participación -es decir, pone en cuestión y comunica la problemática en relación a la sostenibilidad de su proyecto, comunica claramente que necesita de ciertos fondos para la construcción o crecimiento de su proyecto- y convoca a las personas que tiene cerca, que pueden estar interesadas, a la comunidad que lo rodea, abre una puerta a una suerte de sostenibilidad colectiva del proyecto. Si antes de eso dio, lo que sabe, lo que produce, el conocimiento o los productos, libremente, desde la filosofía de la cultura libre, generosamente a esa misma comunidad, hay un camino que se construye como un espacio de ida y vuelta. ¿Son entonces, el financiamiento colectivo (o cualquier forma de involucramiento de la comunidad en la cuestión de la sustentabilidad del proyecto) y las licencias libres dos caras de la misma moneda? ¿Son una respuesta posible al tema de la sustentabilidad de los proyectos de cultura libre? Personalmente creo que sí. Que son formas nuevas de producción y consumo cultural que forman parte de un nuevo Paradigma cultural mucho más colectivo, horizontal y democrático. Donde se desdibujan las fronteras lineales entre producción de un lado y consumo de otro como extremos de un proceso de producción, donde las redes sociales permiten y amplifican mezclas, remixes, fusiones y articulaciones de todo tipo, y entonces también se hace necesario usar nuevas palabras y nuevos sentidos para lo que decimos y queremos decir.

El difícil camino de la construcción colectiva

Construir colectivamente es difícil, muy difícil, casi imposible. No estoy hablando de una metodología basada en negociaciones donde la mayoría gana y se impone sobre el resto de los miembros de un equipo, sino de la construcción de consensos. Construir consensos implica llegar a resultados comunes, después de discusiones colectivas, donde no se vota una decisión u otra, sino que todos quedaron convencidos que se llegó al mejor resultado posible. De ahí deriva la dificultad de esta forma de trabajo. La construcción colectiva implica que cada miembro del equipo reconozca que sus compañeros trabajan a conciencia, hacen el mejor esfuerzo, aportan a la discusión sus certezas y no se guardan egoístamente nada, implica también que cada miembro efectivamente hace el mejor esfuerzo y es honesto consigo mismo y con el equipo. Construir colectivamente implica una sumatoria de esfuerzos donde el todo es mucho más que la suma de las partes, donde el equipo (organización, proyecto, comunidad) se ve mejorado, y crece después del proceso de discusión. Implica por definición que no haya jerarquías, sí roles, o responsabilidades, pero no jerarquías, es una forma de trabajo horizontal, donde los compromisos son compartidos, los aciertos y los errores también, los logros se festejan comunitariamente y uno siente que forma parte de algo que lo atraviesa y lo supera. He cantado en coros muchos años de mi vida como para saber que la comparación es válida. La música resuena en muchas voces que se entienden comunitariamente, que se sienten parte de algo que los trasciende y que entienden el compromiso personal que deben aportar para que este logro comunitario sea posible, y si sale bien pueden generar una emoción que no lograrían de ninguna manera igual por separado.

Pero para que un proyecto colectivo pueda funcionar, -y esto es una estricta valoración personal- deben existir el respeto, la confianza y la honestidad de las miembros que conforman el colectivo. Si falla en cualquiera de ellos, la apuesta cae. Y no es fácil exponerse públicamente en lo que uno siente más íntimo. Alejar la desconfianza, las formas capitalistas y meritocráticas de medir esfuerzos y responsabilidades, alejar los egoísmos y la necesidad de reconocimientos personales, el valor de la propiedad privada en sus múltiples formas. Por eso los procesos colectivos funcionan en proyectos micro y en procesos de corto alcance. Tratar de trabajar colectivamente en comunidades grandes sería un gran fracaso. Pero a la vez, explorar esas formas en pequeño formato, compartir esas experiencias, articularlas con otras, encontrar palabras, encontrar nuevas estructuras y nuevos anclajes para estas nuevas formas de producción y consumo (por ejemplo dejar de llamarles producción y consumo y encontrar nuevas palabras más pertinentes) permitirán ir construyendo un camino abierto, libre, comunitario que nos permita avanzar y llegar más lejos.

Los invito a ver la videoconferencia que disparó toda esta reflexión:

Otros enlaces interesantes

#GCultural2016 Mesa 1: gestión cultural para la producción de cultura libre: http://www.articaonline.com/2016/09/gcultural2016-mesa-1-gestion-cultural-para-la-produccion-de-cultura-libre/

Videoconferencia Mesa 1 #GCultural2016: cultura libre: http://www.articaonline.com/2016/09/videoconferencia-mesa-1-gcultural2016-cultura-libre/

Chat grupal en Telegram para debatir sobre la Mesa 1: https://web.telegram.org/#/im?p=s1074060424_17159989374824270013

#GCULTURAL2016 MESA 2: COMUNICACIÓN EN RED Y HERRAMIENTAS TIC PARA LA GESTIÓN CULTURAL: http://www.comunicacionabierta.net/blog/2016/09/comunicacion-red-herramientas-tic-gestion-cultural/

Información general del Congreso: https://www.articaonline.com/congreso-online-de-gestion-cultural-2016/