Sobre copias, derechos, propiedades y firmas.

Comparto palabras de Germán Machado y Sebastián Santana a propósito de una modificación en la ley de propiedad intelectual uruguaya que busca permitir y legalizar la copia de libros para usos privados y que ha levantado gran revuelo en estos últimos días. Esta carta contesta una publicación de la Cámara del libro uruguaya en la que los autores firmantes opinan que la ley de fotocopias es una mala idea. De más está decir que acompaño al 100% los argumentos de estos autores que comparto y que opinan justamente lo contrario. Y que entiendo que hacer circular esta carta, con sus excelentes y acertados razonamientos y argumentaciones, es una obligación para todos los que promovemos la cultura libre y trabajamos para hacerla posible.

La carta

Estimadas y estimados colegas que se oponen al proyecto de ley votado por el Senado que modifica la Ley Nº 9.739, de 17 de diciembre de 1937, sobre Derechos de Autor 

Germán Machado
Sebastián Santana
(autores)

Escribimos para decirles por qué no podemos, en esta oportunidad, acompañarlos en la iniciativa gremial de recolección de firmas que están llevando adelante, por qué no podemos oponernos, como lo hacen ustedes, a las modificaciones de la ley que habilita la copia de textos para uso personal, educativo y sin fines de lucro.

Por casualidades del momento, podríamos decir que ambos estamos lejos del país, en países distintos, pero lejos de Uruguay, decir que no sabemos de qué va la cosa, y desentendernos del asunto. Pero si bien lo primero es cierto, no lo es lo demás: sabemos de qué trata la modificación de la ley y cómo puede afectar en el mundo del libro, además de saber que la sanción definitiva de una ley así, como la aprobada en primera instancia en el Senado, puede tener un impacto internacional muy importante en lo que refiere a la disminución de las limitaciones que las leyes de autor imponen a la libre circulación de la cultura y al acceso universal a los bienes culturales. Por ello, pensamos que quedarnos en silencio y no responder a vuestra iniciativa no era correcto.

Además, varios de ustedes nos conocen y saben en qué grado nos hemos involucrado en distintas oportunidades tanto para promover la defensa de los autores como para promover la lectura y la literatura. Hemos compartido acciones, redes sociales y algunas reuniones encaminadas a mejorar las condiciones contractuales en las que cedemos a la industria editorial los derechos de nuestras obras. Hemos compartido otras iniciativas a favor de la promoción de la literatura, la promoción del respeto y la dignidad de los autores, la promoción de los libros y su venta. Entonces, hacernos los tontos y guardar silencio, o sea, dejar pasar como si no existiera esta carta que están firmando, que nos han convocado a firmar, hacerlo sin contestarles nada, sería una falta de respeto hacia ustedes: incluso, y sobretodo incluso, ahora que no estamos de acuerdo con lo que sostienen, y ahora que pensamos que la campaña en la que se han embarcado no le hace ningún favor al conjunto de los autores, en Uruguay y en ningún otro territorio.

Dicen ustedes que la ley no tiene relación con el derecho a la educación. Nosotros pensamos que sí la tiene, para bien y para mal. Para bien, porque la ley viene a reconocer y subsanar una dificultad de los estudiantes universitarios que se ven impelidos, por el sistema educativo y también por el sistema de la industria editorial, a fotocopiar libros, con lo cual incurren, dada la ley aún vigente, en un delito cada vez que lo hacen a pedido del profesor de turno. Para mal, porque la ley reconoce, de última, las dificultades y las limitaciones del Estado en su rol de garante para todos los estudiantes del acceso a los textos y materiales de estudio. Estudiar en fotocopias no es lo mejor. Lo sabemos. Entre otras razones porque todos lo hemos hecho en alguna oportunidad. Hoy día hay muchas alternativas al uso de fotocopias. El sistema educativo universitario y el Estado en sus funciones de Educación Pública deberían explorarlas. No todas pasan por el libro en su formato de papel, pero muchas de ellas pasan por el manejo de alternativas a las licencias de copyright que los fabricantes de libros de papel quieren imponer casi siempre, en todas partes. Ninguna de ellas debería pasar, en cualquier caso, por encima del reconocimiento de los derechos de los autores, y todas deberían apuntar a asegurar a los autores una justa remuneración por el trabajo de elaboración de los textos y de las obras que se usan para estudio, incluso allí cuando eso es muy difícil de establecer y de cumplir.

Pero la realidad es que estamos lejos de lograr esto, y en parte lo estamos porque las gerencias de la industria del libro han puesto obstáculos a la liberación de la cultura, y se han aferrado obstinadamente a intereses inmediatos que, a menudo, incluso, han ido en contra de sus propios intereses de mediano y de largo plazo, así como también han ido en contra de los intereses de los autores: intereses comerciales, pero también intereses en difundir las obras realizadas.

Hace muchos años que se escucha eso de que “la fotocopia mata al libro”. Lo cierto es que los sistemas de fotocopiado existen hace más de medio siglo, y que en ese lapso, la industria del libro ha tenido altibajos, períodos de crisis y períodos de crecimiento, en nada relacionados con el aumento del uso de las fotocopias, y sí,  en mucho, relacionados con los ciclos económicos globales. En cualquier caso, la industria del libro ha prosperado allí donde han crecido los públicos lectores, cosa que no siempre ha sido gracias al trabajo propio del sector, y sí, la mayoría de las veces, gracias al aumento de los niveles educativos y socioculturales promovidos por políticas públicas específicas, sensibles ante las carencias de los sectores populares. No serán las fotocopias las que le hagan daño a la industria del libro el día de mañana, cuando prosperen, como está sucediendo en la región, iniciativas político económicas de cuño neoliberal que barren con todas las políticas progresistas de carácter social y cultural (véase lo que sucede en Argentina, por ejemplo, donde el trabajo de promoción del libro por parte del Estado fue algo envidiable, y hoy está siendo socavado sin contemplaciones). Las crisis económicas son las que hacen más daño, y también las políticas antipopulares implementadas por gobiernos que, en defensa del mercado y de las libertades irrestrictas de la empresa privada, pasan por arriba de los derechos elementales de la ciudadanía, incluso el derecho de acceder a la cultura y a la educación.

Igual, incluso en esos contextos tan adversos, el libro no murió, no muere y no morirá, porque siempre habrá creadores, y editores, y mediadores de lectura, y una cantidad de trabajadores de la industria del libro que buscarán y encontrarán alternativas para promover las obras literarias y llevarlas a los lectores:  por ejemplo, el caso extremo de las editoriales cartoneras, que mediante fotocopias, justamente, hicieron crecer la lectura literaria en las peores circunstancias de la historia reciente del Río de la Plata entre los sectores de la población más carenciados.

Las fotocopias no han roto la cadena de la industria del libro y de su comercialización, y no la romperán. Así como no lo harán las copias ilegales de libros en internet que circulan de manera libre, aunque perseguida. Si el objeto libro tiene para un lector determinado una ecuación de costo-beneficio adecuada, ese lector comprará el objeto libro. A la industria del libro le compete trabajar para eso: para ofrecer a los lectores ese beneficio, y hacerlo al costo adecuado. Hay políticas públicas que pueden ayudar a ello, así como hay otras que pueden entorpecer o dañar el proceso: el IVA cultural, en España o en Chile, por ejemplo, es dañino. Creemos que también es dañina la persecución de la libre circulación de las obras entre usuarios, la libre circulación que se hace sin fines de lucro. Podríamos citar aquí a varios autores superventas que reconocen cómo se han visto beneficiados en las ventas por la “piratería” de sus obras. El caso de Neil Gaiman es ejemplar. También podemos pensar que muchísimos de los fenómenos de hiperventas que se produjeron en la última década no hubieran sido tales sin el provecho obtenido de la circulación de copias “piratas” entre usuarios de internet. La industria del libro hubiera hecho mejor en invertir en la investigación del fenómeno antes que invertir en su persecución obstinada.

Nos oponemos, sí, a quienes montan industrias y negocios piratas y buscan el lucro y el beneficio propio pasando por encima de las reglas de juego más elementales. Son desagradables. Merecen ser penados socialmente. De igual modo, con el mismo desagrado, nos oponemos a los plagiarios. No hay robo en quien hace una copia para uso privado; hay robo y piratería en quienes montan un negocio para lucro personal aprovechándose de los derechos y del trabajo de otros. Y no es menor la diferencia. Nos negamos a criminalizar la copia de obras para uso privado. Lo hacemos porque entendemos que hay una diferencia sustancial entre el hurto de un objeto (un mueble, por ejemplo, o un libro impreso, o incluso un manojo de fotocopias) y la copia parcial o total de un libro, o una película, o una ilustración: algo que a menudo se hace porque no hay otra forma de acceder a la obra. Una copia de un libro no es el libro en su totalidad, por tanto copiar y almacenar una copia para uso personal no es robar su esencia, no es destruirlo.

Y así como creemos que las copias para uso educativo y privado no son dañinas para los autores, creemos que sí lo son ciertas políticas internas del sector del libro. ¿Cuánto se pierde a diario de ventas de libros digitales en internet por no poner a las copias digitales de los libros un precio razonable, a la vez de liberarlas de sistemas absurdos que impiden ser compartidas por sus compradores? Esas prácticas comerciales perjudican a los autores, porque ahí hay un potencial beneficio que no se realiza, mientras que ese potencial beneficio es del todo irrealizable en muchos casos en los que se acude a fotocopias: no te pierdes de vender un libro a alguien que lo fotocopia y nunca lo comprará (por eso no hay hurto ahí), mientras que sí te pierdes de vender muchas copias digitales de libros porque están a un precio irreal, orientado fundamentalmente a evitar la supuesta competencia que el libro digital le hace al libro en formato de papel: competencia inexistente, que muy a menudo funciona como perfecta complementación.

Podrían agregarse aquí toda otra serie de políticas del sector que dañan al autor: ¿Qué regulación hay sobre el sistema de saldos de libros que se hacen en distintos países por parte de los grandes grupos editoriales? ¿Cómo se podría controlar eso para que no perjudique a los autores y editores locales? Porque todo hay que decirlo: no siempre, cuando alguien compra un libro a precio de saldo, está beneficiando a la industria del libro o a los autores en general. ¿O vamos los autores a hacerle creer a la población que estamos felices y contentos con cómo funciona en general el sistema comercial del libro y sus políticas de precios? Claro que no seremos nosotros quienes se opongan a una política de saldos que por ahí es la única oportunidad existente para muchos lectores de acceder a un libro de un autor extranjero en Uruguay, un libro que solo como saldo llega al territorio y a precios accesibles. No nos oponemos a esto, aunque resulte molesto, porque entendemos que de alguna manera beneficia a los lectores, a pesar de los autores.

Y así, teniendo en cuenta todo lo anterior, tampoco compartimos la idea de que el derecho de autor, o mejor dicho, las regalías que se perciben en razón del derecho de autor, sean equiparables a un salario para el creador. Y en todo caso, si esto fuera así para algunos creadores en un sentido figurado, no compartimos la idea de que la liberación de las restricciones al derecho de copia, para uso personal, educativo, y sin fines de lucro, vaya a perjudicarlos en los ingresos. Ya está dicho algo al respecto más arriba. Ahora diremos que en muchos casos los autores no perciben ingresos directamente de sus libros. Hay muchos títulos que los autores los hacen en régimen de trabajo contratado, y ni siquiera tienen derechos o regalías sobre la venta de ellos, incluso cuando a menudo hasta pagan para que se hagan. Hay muchos otros títulos que por sus escasas posibilidades de comercialización no representarán compensación para el autor, y si de todas maneras los autores los hacen es porque los beneficios son de otro orden (moral, emocional, afectivo, con arreglo a racionalidades políticas, sociales o comunitarias), o porque los beneficios se producirán más adelante, por las posibilidades de trabajo que los libros publicados les abren en otros campos: docencia, investigación, conferencias, asesorías, etc. Limitar el derecho de copia de este tipo de obras, llegado el caso, sí que perjudicaría a su autor.

Compartimos, sí, la perspectiva de una “oportunidad histórica” para avanzar en la confección de una ley del libro, de una ley de promoción de la lectura, de impulsar políticas sectoriales concretas habilitadas por la “ley de bibliotecas” votada hace un par de años, de avanzar la regulación de leyes de seguridad social para los autores. Pero diremos que se ha perdido mucho tiempo para ello. Un gobierno progresista debería haber hecho todo eso mucho antes. Y pensamos también en lo que nos toca de autocrítica: ¿por qué no nos movilizamos antes con más fuerza para impulsar esas leyes y esas políticas? ¿Por qué nos conformamos con algunas pobres y mal instrumentadas políticas de promoción del libro en el extranjero, de mejorías en la ley del premio literario nacional, de fomento de bibliotecas, de fondos concursables? ¿Por qué la única compra institucional importante que hizo el estado no fue una iniciativa del gremio librero, sino que le llovió a este desde el Plan Ceibal? ¿Y cómo lograremos los autores, en el caso de las pocas compras institucionales habidas y por haber, que no se produzcan problemas como ser que algunos de nosotros nos beneficiamos mucho con ese tipo de compras (llegando a cobrar regalías del 50%) mientras otros se benefician menos (cobrando el 25% o el 10%) y otros salen francamente estafados, con lo que se demostraría que no siempre son los fotocopiadores quienes se quedan con las ganancias legítimas que corresponden a los autores bajo el sistema de copyright reinante?

En cualquier caso, siempre que haya un autor, habrá un derecho a defender. Y siempre habrá autores, incluso si no hay regalías por cobrar. Decir que sin regalías por derechos de autor no habrá autores no nos parece justo para todos aquellos autores que a diario se esfuerzan por realizar una obra digna, incluso sin ninguna perspectiva comercial. La historia artística e intelectual de la humanidad, por suerte, tiene entre sus mejores exponentes a autores que no extrajeron ningún beneficio comercial de sus obras. Y todos lo sabemos. Y todos nos hemos beneficiado de eso.

Pero sí, es cierto, hemos logrado que la humanidad reconociera que el Derecho de Autor es un derecho humano. Por suerte, las Naciones Unidas lo proclamaron en el segundo numeral del artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”. Pero ahí mismo, un poco antes, en el primer numeral (y pensamos que el orden en la redacción es muy justo) la carta dice que: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Los redactores de la carta de Derechos Humanos de la ONU, sin dudas, avizoraban la posibilidad de que entre los derechos de los autores y las libertades de los usuarios, llegado el caso, pudiera haber contradicciones. Las hay, claro. El asunto es cómo se resuelven las contradicciones a la hora de garantizar y promover ambos aspectos del derecho en cada ley que lo contempla: nosotros preferimos ser permisivos antes que prohibicionistas, porque sabemos que las prohibiciones, allí cuando son incontrolables e incontroladas, terminan generando corrupción social y hasta conductas mafiosas, que esas sí se lucran con las obras de los autores.

En lo estrictamente personal, frente a esas tensiones, a priori, nos ponemos del lado de los intereses legítimos del conjunto de la ciudadanía. Y pensamos que haríamos muy mal los autores si, llegado el caso, optamos por los intereses comerciales de unos pocos frente a los intereses del conjunto de la población. Dicho esto, incluso, en orden a arreglos políticos y estratégicos: ¿cómo iremos mañana a pedirle el apoyo a la ciudadanía para lograr algunas leyes o políticas públicas que consideramos justas para nosotros y para nuestro sector si hoy salimos a oponernos abiertamente a una iniciativa de la sociedad civil que apunta a satisfacer un beneficio inmediato del conjunto de la población, y que lo hace por un medio que, como fue dicho antes, no creemos que nos perjudique en lo más mínimo?

Estamos de acuerdo, sí, con el final de la carta: “un país que apuesta a soluciones malas y mediocres, solo podrá tener un destino malo y mediocre”. Un país que apuesta a innovar en leyes que abran canales democráticos y populares de acceso a los bienes culturales, buscando las mejores soluciones para vencer los peores obstáculos y los peores inmovilismos, no sabemos si a la larga tendrá un destino bueno y luminoso, pero al menos conservará la dignidad de haberlo intentado, sin miedo, sin engaños, pensando en lo mejor para el conjunto de los que hoy tienen necesidades inmediatas y que mañana, así lo esperamos, puedan aportar lo suyo para mejorar el bien común.

En última instancia, y poniéndolo en términos simples, pero claros, pensamos que cada tanto hay que buscarse problemas nuevos, para buscar soluciones nuevas; incluso si esto significa darse la cabeza contra la pared dentro de un tiempo y entender que hay que revisar lo suscrito, barajar y dar de nuevo. Lo seguro es que la Ley actual es obsoleta en muchas de las formas en que regula las posibilidades de los ciudadanos enfrentados a la necesidad o el deseo de acceder a determinados bienes culturales. Hay formas de propiedad intelectual que ya no son compatibles con los medios tecnológicos de que disponemos para comunicarnos y compartir bienes culturales inmateriales. Si las leyes de Derechos de Autor quedan limitadas a defender formas de propiedad históricamente inviables, terminarán por arrasar con los aspectos de defensa de la dignidad del autor que pretenden asegurar. Sería deseable que, así como a partir de esta propuesta de cambio se revisa cierta forma de acceso a cierta forma de propiedad privada, otras expresiones del mismo concepto fueran revisadas con otras propuestas de cambio en la legislación vigente. Por tanto, revisar la Ley que regula el Derecho de Autor es necesario, y poner en práctica esa revisión, también. Luego veremos. Siempre habrá tiempo para mejorar, pero seguir como estamos es mantenernos anquilosados en una forma de entender y regular nuestro mundo, y de cómo actuamos en él.

No continuaremos con la polémica. Entendemos que ustedes dieron sus razones para oponerse a la ley, así como ahora hemos dado las nuestras para no acompañarlos en esta movida. Seguro que el futuro nos encontrará juntos en otras iniciativas que apunten a promover los auténticos derechos de los autores y los legítimos derechos de los lectores. Que lo veamos.

Saludos cordiales.

2016-04-german-machado-teoria-de-conjuntos-y-derecho-de-autor
Ilustración: Germán Machado

Enlaces de interés

Cuando uno no es oriundo del país en el que transcurre una noticia y trata de adentrarse en una polémica en particular y sus vericuetos, empieza a navegar en internet, a buscar y rebuscar. Yo, al menos, hago eso. Encuentro voces con las que me siento afín y voces que me hacen mucho ruido. Aquí posteo los primeros enlaces que guiaron mi búsqueda, los invito a hacer lo mismo y a compartirme los artículos de interés sobre este tema que encuentren. ¡Gracias!

La carta publicada en el facebook de uno de los autores: https://www.facebook.com/notes/sebasti%C3%A1n-santana/sobre-copias-derechos-propiedades-y-firmas/10153436319031671

Documento de la Cámara Uruguaya del Libro “Por qué la ley de fotocopias es una mala idea”: http://www.camaradellibro.com.uy/por-que-la-ley-de-fotocopias-es-una-mala-idea/

Video de Neil Gaiman en donde comenta cómo la piratería de sus libros lo ayudó a vender más , y no menos, libros: https://www.youtube.com/watch?v=VlwPETn3PxM

“Otro golpe a la cultura nacional. El Senado votó ayer un polémico proyecto de ley para habilitar la fotocopia de libros”: http://www.elpais.com.uy/opinion/editorial/golpe-cultura-nacional.html

“El espíritu de la reforma”, columna de Gustavo Buquet: http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/4/el-espiritu-de-la-reforma/

Equilibrio de derechos. Entrevista a Mariana Fossatti acerca de la modificación de la Ley de Derechos de Autor: http://cooltivarte.com/portal/equilibrio-de-derechos-entrevista-a-mariana-fossatti-acerca-de-la-ley-fotocopia/

El botón que copia los tomates, de David Bravo: http://editorialorsai.com/revista/post/n2_bravo

“Copia este libro”, de David Bravo: http://copiaestelibro.bandaancha.st/beneficios.html

Para seguir la noticia pueden quedarse cerca de:

Germán Machado: https://www.facebook.com/german.machado.lens?fref=nf

Artica, centro cultural online: https://twitter.com/articaonline

Mariana Fossatti: http://mariana.articaonline.com/

La foto que ilustra la nota

La foto que ilustra este post es un print de pantalla de una charla de Lila Pagola (Fundación Vía Libre / Creative Commons Argentina) en la que estuve vía streaming “PLANEADOR # 2 / CONOCIMIENTO LIBRE Derecho de Autor y Derechos Culturales en Producciones Artísticas” que tuvo lugar en el Cepia Universidad Nacional de Córdoba (UNC) Argentina el  pasado 13/04/2016. Dejo aquí el enlace a la charla: https://youtu.be/_BVxq_-GHZE

>>Todos invitados a compartir y debatir

Más enlaces interesantes que voy sumando

28/04/2016: Columna de Patricia Díaz Charquero, abogada de Licencias Creative Commons Uruguay “La excepción de la copia personal”: http://brecha.com.uy/la-excepcion-la-copia-personal/